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jueves, 27 de julio de 2017

Deambulando en la espera, con sus reflexiones


Puede ser que más o menos dentro de una década y media podré contarte por qué estaba en Colombia, por qué llegaste aquí. Muchas han sido las mujeres que han servido para guiar mi camino. Algunas de ellas son eruditas y sus pensamientos han supuesto un antes y un después en mis convicciones, otras tantas ni siquiera saben que son referentes para mí sólo por el hecho de no tener otro remedio en la vida que ser fuertes. Ahora tú serás una más de todas ellas.

Vas a llegar a un mundo un poco loco, en el que hay cosas que avanzan pero otras que parece que nunca cambien. No te voy a engañar, aquí nada es igual para todo el mundo. Si nada tienes, te cuesta todo mucho más y probablemente siempre tendrás poco, a no ser que nazcas con estrella y además te esfuerces mucho. Si todo lo tienes, quizá la cosa sea fácil pero no faltarán los retos. Aunque no importa el contexto, todo te va a costar un poquito más a ti fuera de casa. Te van a pedir más por no ser hombre, vas a tener que demostrar muchas cosas. Cada mes tu cuerpo te hará saber quién eres y habrá quien dé por ciertas cosas que no lo son.

No podremos estar siempre contigo, ni mucho menos pretendo que lo estemos, pero trataré de mostrarte lo bello y lo duro de este mundo para que las decisiones que tomes y las situaciones que vivas sean algo más llevaderas. Tendrás que decidir tantas cosas… y me gustaría que fuera en un mundo donde cada persona sea eso, una persona, pero no es así. Serás catalogada por tu nacionalidad o nacionalidades, tu sexo, tu supuesto estatus, y tantas otras cosas. Sólo te pido que no dejes que eso te ponga límites. Tus límites sólo los creas tú misma.

Quizá el hecho de viajar ayude, o al menos eso espero. Lo que está claro es que no vienes a este mundo a ser sólo de un sitio, sino de todo él con su riqueza. Hemos de encargarnos de ello. Sé que será complicado cuando alguien te pregunte no poder responderle que eres de aquí o de allá, sino que tus influencias vienen de varios lados y que ello te hace como eres, pero precisamente tu respuesta reflejará que nada es blanco o negro, ni viene previamente etiquetado, sino que se va construyendo, como la historia misma.

También quisiera contarte que a pesar de la inmensa belleza de este mundo, que es increíble, también habrá altos y bajos. Momentos en los que no tengas nada claro y otros de total lucidez. Y es en las situaciones grises en las que la claridad de mente por no conocer un sólo contexto te puede ayudar. Quédate con lo que más te guste de cada lado, compáralo y decide. Y recuerda siempre que tu mente es un infinito mundo de posibilidades. No es ciencias o letras, no es débil o fuerte, no es tímida o abierta. Lo es todo al mismo tiempo y sólo tú sabrás qué parte es en la que quieres profundizar más.

Reflexionemos juntas, en medio de esta espera. Y después sigamos deambulando.


jueves, 25 de mayo de 2017

Más allá de las playas paradisíacas


¿Y la memoria? ¿Y la justicia?

No es sólo aquí, no es solo ahora, no es sólo en Colombia sino en todos los países y continentes, pero no quiero dejar pasar este ejemplo que evidencia que el mundo todavía debe seguir cambiando mucho. Ayer fue el desierto. Hoy es el caribe. Mañana…

...

Bolívar es uno de los 32 departamentos de Colombia. Una parte de él está situado en la costa del Mar Caribe y es conocido por su capital, Cartagena de Indias, aunque mucha gente de fuera del país no sepa el nombre del departamento como tal, sólo el de esta ciudad.

Igual de desconocido que el nombre de esta zona administrativa colombiana. Así de escondidas y casi siempre olvidadas son las vidas de muchas de las personas de viven en la zona alejada de la urbe amurallada. Buena parte de los habitantes son mujeres, que viven a pocas horas de las playas y de los turistas del extranjero, y cuyas vidas siguen al margen de ese llamado “desarrollo” que se vive en el país.

Recientemente, estando sentada en una sala de reuniones en la bulliciosa Bogotá, con una panza de más de 7 meses que no me permite mucho levantarme de la silla, una de esas mujeres se acercó y nos contó algunas historias acerca de algunas vidas tras sufrir un abuso sexual vinculado al conflicto que les ha sacudido tantos años. Y no son inventadas, sino contrastadas mediante investigación.

Historias sanitarias:

Primer caso, el de cirugía estética. ¡Pero la cirugía estética es algo mundano que los servicios de salud públicos no pagan! Si la mujer quiere verse bella, que se lo costee. También la mujer rural, también aquella a la que mientras violaban le rasgaban la cara para que todo el pueblo supiera que había sido ese guerrillero y no otro el que más víctimas acumulaba en su haber en esa comunidad. También en ese caso.

Segundo caso, el del/la colonproctólogo/a. Por fin, después de muchos años, una mujer totalmente desgarrada por un abuso consiguió con acompañamiento legal que le derivaran de forma gratuita a uno de estos especialistas. Y no hay ni una sola clínica en toda la región de Bolívar para atenderla. Y así lleva ya meses buscando.

Tercer caso, ¿y un/a sexólogo/a? También algo poco común, e indispensable que se brinde en centros de salud a ciertas mujeres que nunca más volverán a tener una vida sexual normal tras una de estas tragedias. Con suerte lo han superado, pero llega el momento de la verdad, el momento de volver a enfrentarse con la intimidad.

Historias psicosociales:

La pérdida de niñez. A los 9 años todavía se juega con muñecas y la vida se ve sencilla. Hasta ese momento en el que por ser violada ya ni tú misma ni nadie más te reconocerá como niña. Entonces, de golpe, a los 6, 7, 8 o 9 años dejas de ser niña. Y nunca más lo serás. Esos años perdidos nadie los retorna, ni con toda la salud, todo el dinero y todo el amor del mundo.

La atención diferenciada. Pero es que son muchos los casos… no se puede atender a cada mujer de forma personal porque no hay recursos suficientes ni tiempo para ello. Si llegan a ser atendidas se les aplica el protocolo legal, y ya con eso pueden darse por satisfechas. Pero un caso, sólo un caso en el que una mujer pudo volver a la playa y “despedirse del mar” para perdonar todo lo sucedido marcó la diferencia en su vida. Qué habrá de todas las demás…

Sanarse para perdonar. No sólo estas mujeres, sino también quienes a veces les acompañan en su peregrinación sanitaria, social y legal, con toda la buena voluntad, pero que tampoco han sanado. Y es que para avanzar hacia la paz, la comprensión y la empatía una persona debe haberse sanado previamente. Así de sencillo y de complicado en ciertos contextos en los que prima lo que se necesita aquí y ahora.

Parejas que no comprenden. Sólo quien pasa el trauma sabe lo que es. Una pareja puede amar, comprender, convivir, estar al lado… pero si no se trabaja con quienes acompañan la recuperación de aquellas que han sufrido abuso sexual, ésta siempre será más lenta y costosa.

Historias judiciales:

El caso de las modernas redes sociales. Hay una cuenta de Facebook para acusar a mujeres tras denunciar a agresores de violencia sexual. Y tiene bastantes seguidores de las poblaciones de donde ellas son. Dicen que con toda probabilidad ha sido creado por funcionarios/as públicos/as. Sin palabras. Si estos casos no logran salir de lo local y se criminaliza a las víctimas usando las redes ¿cómo no esperar que haya tanta impunidad? ¡Pero qué malas mujeres éstas que denuncian, cuando ya sólo queda olvidar!

El caso de “yo no veo nada”. O aquel hombre haciendo gestos delante del juez de “te voy a matar” a la mujer que le ha denunciado, sabiendo que casi con toda probabilidad no pase nada y luego pueda seguir en la calle amedrentándola. Y hasta el momento efectivamente no ha pasado nada, porque el juez no vio nada y si vio no va con él.

... 

Y después preguntan por qué seguir haciendo política. Todo lo personal que le pase a cada una de estas mujeres fuertes es también político. Es lo mínimo que se puede hacer. Lo mínimo de lo mínimo.


domingo, 2 de abril de 2017

Conectada. Creciendo.


Aquí conectada el tiempo pasa rápido. Un segundo día de abril de un año impar…

Siempre he creído que los años impares se me dan mejor que los pares, pero trataré de deshacer mi propio mito pensando que, si bien este año trae novedades, estas se gestaron en un año par, que fue el pasado.

Y esta conexión que me trae el buen año impar no es otra que aquella que la que me permite tener algo más en común con la familia y amistades del lugar donde nací, o con esa gente que me quiere y anda repartida lejos de Bogotá. Es la conexión de sentir formar parte de un todo, a través de lo nuevo que viene.

Pero tengo un reto enorme: El de seguir siendo yo, el de no perder lo que me apasiona o por lo que me he movido desde hace años. El reto es conjugarlo descubriendo juntas cada paso, desde este mismo momento y sea lo que sea lo que deba venir.
 
Esta vida errante que ya lleva una década y media, pero que siempre he llevado dentro, es lo que me desespera empezar a explicar. Que el planeta está lleno de matices y rincones, y que todos ellos se comparten de alguna manera. Ver a través de mis ojos y ver a través de esos otros que se forman, mientras no pierdo el rumbo a pesar de querer que todo salga bien.

La fuerza de las energías luchadoras que me preceden y de las que vendrán, como ésta, es la que espero que me guíe. No como algo abstracto, sino bien real. El reto de no tener lugar fijo no será el centro, sino que lo serán las ansias de conocer y de allanar cada paso.

Porque no puedo evitar las enseñanzas de los lugares donde he vivido, cuyas realidades necesito nunca olvidar para poder transmitir:
-        Vaduz, Liechtenstein, donde jóvenes maltratadas y maltratados me enseñaron el valor de seguir adelante en medio del abandono.

-        Nairobi, Kenia, y sus slums en los que parece no pasar nada mientras turistas vienen y van en sus todoterrenos, queriendo comerse el mundo con sus buenas o malas intenciones.

-        Madrid, y la cantidad de gente de no se sabe dónde y de no sé cuántas creencias dispares con la que me pude llegar a cruzar en un año.

-        Ese pequeño pueblo bereber llamado Hassi Labiad, en Marruecos, que en sólo tres semanas reimpulsó las iniciativas que ya había tomado, y me hizo empezar a amar el Sáhara en su inmensidad.


-       Nunca, nunca, pero nunca olvidaré La Paz de La Paz. Una amiga me dijo una vez que hay ciudades para cada quien, y la mía fue ese lugar y sus movilizaciones de 2005. Nunca nada volverá a sucederme como encontrarme en medio de ese clima socio-político. Y nunca más he vuelto a vivir sola para conocerme como allá. ¡Bravo mi querida ciudad de adopción!

-        Huambo, en Angola. Windhoek, en Namibia. Kigoma, en Tanzania. Y Ouagadougou, en Burkina Faso. O lo que yo llamo mi recorrido de breves espacios de tiempo en el África llamada “negra”. Siempre llegué de un brinco, sin pensar, y salí de la misma manera.

-        Quito y sus reflexiones, y las montañas de conocimientos y amistad. La mitad del mundo en un momento de altibajos y éxitos.

-        El Sáhara Occidental, aquí en este blog escribí cuando llevaban 39 años de lucha y ya van más de 41… y como siempre contando. Mi amor ha quedado allí y nunca se ha ido, aunque no vea el momento de volver.

-        Las ciudades de mi “ruta mediterránea” en las que finalmente vivo, que me enseñan cada día la diversidad de esa diminuta, y a veces dividida parte del mundo en la que he crecido.

-        Nuakchot, la Mauritanie, ¡ay la Mauritanie! Cuánto calor, cuánta historia, qué rumbos toma la vida para llevarte hasta
       allí para volver conectar todas “esas áfricas”.

-        Bogotá y la fuerza de los nuevos procesos, de los cambios en el caos y mi pequeña y creciente familia en medio de ellos. Gente y lugares que me enseñan a no perderme.

-        El resto del mundo y lo que queda por conocer y por vivir, sea en un lugar profundizando sobre él o sea siguiendo en 
       estas vueltas… cada vez más acompañada.

Raquelicayni sigue creciendo.
 

jueves, 5 de enero de 2017

Pasos, pasos.


Chicó, Bogotá. 1 de enero de 2017
 
Cuando se presentan retos nuevos es cuando la vida retoma el sentido que siempre ha tenido, pero con un color más vibrante. El 2017 ha comenzado con un paseo matutino por una calle casi desértica, momento que ha permitido a los sentidos ponerse nuevos retos. Y es que Bogotá realmente se vacía el 1 de enero y se vuelve en una metrópoli casi deshabitada. Caminando por la carrera 15, que cada día a cualquier hora es insoportable para el tráfico, una se siente por fin relajada entre los nueve millones que le acompañan. El estrés citadino se vuelve en un “búsquenme que no me encuentran” y sólo queda el reloj y el 2017.
 
El 1 de enero me ha encontrado en una situación cómoda de nuevo, tras muchos vaivenes y decisiones que nunca son malas porque son las propias y porque permiten dar pasos hacia el lugar al que realmente se quiere ir. El 31 estaba saliendo de una zona rural hoy tranquila para dar paseos. Y conociendo y viviendo los nuevos retos, eso sin dudarlo.
 
Bacatá era el nombre muisca de Bogotá. Hoy no quedan poblaciones originarias viviendo como solían hacerlo hace cientos de años, como sucede en tantas otras partes del mundo, pero ha quedado el nombre de Bogotá. De hecho, en los pueblos de Cundinamarca o Boyacá puede sentirse muy presente la arquitectura colonial española, y no tanto la de quienes habitaron antes.
 
 
Hace casi un año, cuando llegué, miraba los restaurantes, las inercias, las frutas, las gentes y las costumbres con un ángulo entrañable tras los 3 años intensos en el desierto. Hoy veo puertas abiertas, novenas de aguinaldos, navidades de locura como en ningún otro lado que he vivido, y luces, y belleza incluso en las incoherencias.

Villa de Leyva, Boyacá. 28 de diciembre de 2016
 
Porque una amiga me dijo algo que estoy sintiendo: ¿Dónde como aquí vas a encontrar un lugar donde te sientas tan acogido, donde la gente sea tan abierta y te sientas en libertad, y sin embargo no se consiga todavía haber completado un proceso de paz? En este lugar que recomiendo conocer.
 
No hay mejor momento que este para plantearse retos. Ni realmente mejor lugar que esta ciudad loca pero a su manera acogedora. No hay lugar como aquí para quitarse toda la cortina de los ojos y sólo pensar en lo que se quiere para el futuro. Sin miedo, sin pensar en qué dirán ni los que te importan ni los que no quieres. Colombia está siendo, para mí, el lugar que no sólo me ha quitado el miedo al cambio de rumbo, sino que me ha empujado a ello.
 

Usaquén, Bogotá, 1 de mayo de 2016
 
Y mientras tanto sigo buscando el hueco en el mar de personas, con la bici, el sol, la lluvia, Luminitza mi gata callejera, el verde y el asfalto, las manifestaciones, los amplios saberes, los discursos innovadores, los cambios que se esperan, el camino a la convivencia.
 
No me quiero ir. Por suerte aún no me voy.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Érase una vez dos mujeres y tres hombres


Aprovechar y vivirlo todo. Lo que se tiene y lo que se hace en ese momento, ni antes ni después. Con toda la intensidad de que dispongamos...

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Ya hoy no les veo. Parece que ellas y ellos a mí tampoco. Pero vuelvo al "ayni" de siempre para enviarles unas simples palabras que explican lo que cada quien supuso para mí, antes de que se marcharan jóvenes, incluso muy jóvenes en algún caso. No sé si antes de lo que les tocaba, o puede ser que ya hubieran dado lo que tenían que dar. Sinceramente, me hubiera gustado que permanecieran, sólo por estar un poquito más de tiempo nomás, pero no todo el mundo puede, y todo el mundo se irá. Es parte de esta linda y corta vida que tenemos. En fin, a lo que voy, que en mi caso me dieron algo, y lo comparto.
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La primera persona en irse fue "J". Tenía sólo 31 años. Gracias a la oportunidad que me dio estoy hoy donde estoy. Los pasos los fui dando yo, pero me puso las primeras baldosas que permitieron que no resbalara. También fue mi primer ejemplo laboral. Cada palabra que decía, cada vez que contaba su experiencia en los Balcanes, cada programa informático que usaba, cada vez que arreglaba el tóner, cuando quería cambiar el mundo contratando a personas con potencial, como decía. Y sobre todo, cada vez que insistía para que no me pagaran pequeños montos como voluntaria, sino que fuera contratada. No lo consiguió y buscó por su cuenta mejorar. Huyó corriendo para formar una familia y se fue tan rápido como salió de mi oficina, mientras yo estaba en mi segundo viaje, en Marruecos. Era 2004.
No pensaba que iba a tardar tan poco y cuando volví ya ni pude ir a verle. El último recuerdo: su elegancia, su forma de tratar bien a las personas y la tranquilidad con la que aún me contaba anécdotas en sus últimos días, que no pensábamos que fueran los últimos. No le he borrado de mis listas de contactos y aún tengo las oleadas de intercambios de información entre tres continentes cuando todo el mundo estaba sorprendido de que no nos escribiera más. "J" volverá a mí cada vez que me vaya de veraneo en mi dulce cuna esperando que alguien me dé una primera oportunidad, como un ejemplo en lo que ahora hago, con sus defectos y virtudes.

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"G" desapareció de una forma increíble, dándolo todo por cruzar el charco desde África hasta América para conseguir traer una persona a este mundo. Su familia le siguió y su amor perdura hoy en día en cada gesto de los y las que ha dejado y con quienes me sigo escribiendo muy de vez en cuando. La primera conversación que tuvimos fue con un par de cervecitas en una playa, sobre la última malaria que había pasado. Me dijo que había sentido como un pitido en el oído antes de enfermar, y yo ya estaba esperando sufrir también la enfermedad de un momento a otro, aunque nunca me pasó.

Y la malaria no le mató, porque era demasiado fuerte, una persona muy activa. Lo único que le pudo llevar fue el amor, con algo más fulminante que su risa y en muy pocos meses. Tenía un año más que yo en 2011. Ni la fuerza de la energía que dejaba por donde pasaba, con nuestras fiestas en Tanzania, le sirvió para quedarse. Demasiado bueno era todo para un sólo mundo en el que existir.

En mi cabeza queda el recuerdo de esa persona bella por fuera y por dentro que me mostraba cómo eran las enfermedades y estaba asustada, y bebía conmigo para olvidar, y bailaba, y cantaba, y reía. Ya no tendrá miedo. Aunque por lo poco que le conocí puedo afirmar que en realidad nunca lo tuvo.
 
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"JC" me recibirá en su casa, como cada vez que le veía, en el calor o en el frio. Me ayudará en todo lo que pueda. Siempre seguirá con su café y su cigarrillo contándome cosas que si no hubiera saltado el charco para llegar a Bolivia no hubiera conocido. Más bien no me dejará hablar, como siempre, pero yo me impondré para que no domine la conversación. Tras esto, mirándome fijamente con mi sorpresa delante sólo me dirá lo mucho que quiere a Raquelita por ser como es. Y me desharé en pensamientos contradictorios que al final sólo me llevan al elogio. Pasábamos tras esa conversación a dar volteretas en la piscina… a vivir la vida sin más, nada más y nada menos.

Dando siempre lo que tuvo, fuera mucho o poco, con las dificultades que ello le traia. Con amistades tocando a la puerta todo el día, niños y niñas con bengalas en casa por navidad, idas y venidas sin parar, y años y años de hospitales. Sin dejar de decir que me quería, primero con linda voz que bien serviría para doblar películas, luego con tono tembloroso pidiendo que cuidara a quienes quedaban. Lo que es claro es que se hizo mejor persona durante su enfermedad. En el desierto de Argelia estaba yo el día de su partida en 2013, pero igual nos llamábamos, eso sin dudarlo. Pronto le visitaré, de verdad espero, allá en su verde campo en el que está.
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Al llegar aquí a Colombia aún no sabía que "AL" se nos había ido. Súbitamente vino ese pensamiento de ese día volviendo a casa, después de una reunión de trabajo que supuso la conexión que me permitió conocer que se había marchado. Cuando le vi por última vez, en este lado del charco pero más abajo, en tierra de volcanes, me dijo que nunca trataba sus males con medicina tradicional. Afirmaba que la familia estaba asustada pero que había que intentarlo de forma natural. Tras ello le seguí la pista por teléfono durante meses porque me mostraba donde yo quería estar en 15 o 20 años, al lograr decir las cosas sin tapujos, sin miedo.

Pero en esas fechas de 2014 yo ya no le había escrito desde hacía unos meses porque estaba absorta en mi mundo… Tanto siento no haber compartido unas últimas palabras que la única solución que encuentro es decir por aquí lo importante que considero que fue para su país y lo que su existencia supuso para mucha gente. La imagen de mi relación con esta persona: Un discurso que dio en la asamblea nacional de Ecuador ante cientos de asistentes, cuando ya sabía que su momento político había terminado, en el que osó acordarse de esa pequeña Raquel que estaba sentada donde nadie le veía y dijo que la cooperación necesitaba más gente bien intencionada como ella. ¡Qué gratitud cuando supe que se había ido y lo que me hizo creer en mí misma con ese simple gesto!
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Y este año se ha marchado la última persona, "D", tras tiempo de no verle pero seguirle siempre de cerca por internet o a través de los otros colegas de toda la vida. Siempre fue para mí otra referencia, aunque nadie lo imagine, por su inteligencia, su emprendimiento y la forma en la que supo ganarse a la gente siendo como era. Sólo me da pena no haberle podido decir que no existen las diferencias políticas ni de ningún otro tipo si las personas se comprenden, y que esas cosas son pasajeras como nuestro tiempo aquí. Pero, sobre todo, si le tuviera delante le hubiera dicho que si bien alguna vez me hizo llorar no fue lo que dijo sino más bien mi impotencia por no poder explicar a personas tan estupendas la facilidad de comprendernos. 

Pero me visitó en sueños. Vino. Me alegré muchísimo. Hablamos largo y tendido una noche, cuando ya no estaba. Me dijo que no me preocupara por nada, que todo continuaba, y esa conversación de toda la noche es la última que tendré. Mi mente y quién sabe qué nos hicieron ese regalo. Y se fue, ya no volvió, pero la amistad que dejó en mi de adolescente tras esos campamentos de verano se quedó, al saber que existen antiguas amistades que sobreviven a los años.
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Nadie se ponga triste, que el camino que pasó por “J", "G", "JC", "AL" y "D” es el de la vida. Lindo ¿No? 

Érase una vez todo lo que no se acaba, todo lo que se torna en algo tan sencillo como una sonrisa. La sonrisa de todos los días.