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domingo, 24 de septiembre de 2017

Lo que estoy viendo ahora


Hoy ya son las 17:35 del día 54 tras la llegada de ella. Las conexiones mentales cambian, los miedos cambian. Una amiga me dijo una vez que fue a partir del nacimiento de su hija que le empezó a dar pánico montar en avión, por si algo le pasaba, para que la niña no se quedara sola. Por mi parte, trato de luchar contra mis fantasmas internos pero es complicado con alguien que depende de una.

Hace como tres semanas estaba en urgencias de una clínica. Simplemente el postparto se complicó por una infección unida a uno de esos virus ambientales. Allí tuve un tiempo obligado para “recopilar” cómo inició mi embarazo y cómo me encuentro a día de hoy, con la vida cambiada entre viaje y viaje. Sólo tengo un corto periodo para reflexionar, luego volveré a mi rutina de moverme de acá para allá, con otro matiz pero retomando las cosas de siempre. Por eso es en este momento que resumo lo que mucha gente vive pero que cada persona sentimos de una manera.

-        Antes: No poder te deja mentalmente agotada, así como el hecho de deber decidir el mejor momento en una vida inestable en muchos sentidos. Ya decidido, por fin, no es como parece. En mi caso tratamientos, engordar, mal humor una vez cada 28 días durante meses y meses, no preocuparme más que por esto, a veces desesperación, a veces esperanza. Y un entorno cercano nada comprensivo en algunos momentos (no olvidaré la frase de una jefa del trabajo que no llegué a denunciar: ¡Ni se te ocurra embarazarte!). Pruebas, lentitud, paciencia, mucha paciencia.

-        Los primeros tres meses: Ya por fin el positivo y llegan los altibajos de los que te hacen creer que estás un poco loca. También los temores y alegrías, el mal cuerpo y los análisis sanguíneos totalmente trastocados. Pastillas, médicos pero también amistades y familia. Organización para el futuro, nervios y esperanza. Picores, nauseas, buen y mal humor. También, como no, las primeras compras y con ellas las primeras cuentas, unidas a un poquito de vértigo.


-        Los tres de en medio: Comienza a cambiar todo. Los picores se vuelven ronchas y los viajes más reducidos. Vienen calambres, viene de todo. Con la ropa que no cabe una se siente más feliz. Se notan dolores pero las primeras patadas hacen que todo se lleve mucho mejor. Es, como en todo momento, lo duro unido a lo dulce, el dolor unido a la ternura. Como alguien del trabajo también me dijo en este trimestre, “yo me lo he buscado”. Si, es cierto, pero no por ello se debe dejar de compartir no solo lo bueno sino también lo malo, aún en alguien como yo que lo esperaba tanto.

-        El tercio del final: La dieta cambia y el pincharse seis veces al día para medirse la glucosa se vuelve duro si se da el caso de tener diabetes gestacional como yo, otras tendrán otra cosa. Una ya no aguanta el cuerpo y las preocupaciones por el final llegan unidas a las ganas de que por fin todo acabe. No dormir, ya no dormir. Molestias y más molestias. Y amor, mucho amor, hasta que llega el momento y le ves. 

-        Y el post: Se suele contar muy poco de la madre en el postparto, pero si se indaga se encuentran casos de todo tipo: incontinencia y problemas variados en el baño, infecciones, depresión por no poder lactar bien, excesiva responsabilidad volcada en la madre por presiones varias, dolor en los pechos... entre otras cosas. En mi caso, aunque vivo esto muy bien acompañada, puedo comer sushi y jamón, correr la maratón si quiero y cuidar a mi gatita, esta etapa ha sido más dura que el embarazo.

No nos vamos a engañar. Esto no es un lecho de rosas y no se es mala madre por decirlo. La dulce espera puede ser la ardua espera y aunque casi siempre sale todo bien después y las personas tengamos la capacidad de olvidar lo malo, he querido escribir este resumen antes de ello, para recordar a todas las mujeres que pasan por esto sin cesar, y deseando que el mundo reconozca y ponga por fin a cada quien en su lugar. Y dicho sea de paso, no puedo ser más feliz.


Raquelicayni seguirá publicando lo que ve, allá donde esté, pero en este preciso momento todo lo que estoy viendo es su cara, eso es lo que veo. La aventura seguirá luego, siempre con ella.



jueves, 27 de julio de 2017

Deambulando en la espera, con sus reflexiones


Puede ser que más o menos dentro de una década y media podré contarte por qué estaba en Colombia, por qué llegaste aquí. Muchas han sido las mujeres que han servido para guiar mi camino. Algunas de ellas son eruditas y sus pensamientos han supuesto un antes y un después en mis convicciones, otras tantas ni siquiera saben que son referentes para mí sólo por el hecho de no tener otro remedio en la vida que ser fuertes. Ahora tú serás una más de todas ellas.

Vas a llegar a un mundo un poco loco, en el que hay cosas que avanzan pero otras que parece que nunca cambien. No te voy a engañar, aquí nada es igual para todo el mundo. Si nada tienes, te cuesta todo mucho más y probablemente siempre tendrás poco, a no ser que nazcas con estrella y además te esfuerces mucho. Si todo lo tienes, quizá la cosa sea fácil pero no faltarán los retos. Aunque no importa el contexto, todo te va a costar un poquito más a ti fuera de casa. Te van a pedir más por no ser hombre, vas a tener que demostrar muchas cosas. Cada mes tu cuerpo te hará saber quién eres y habrá quien dé por ciertas cosas que no lo son.

No podremos estar siempre contigo, ni mucho menos pretendo que lo estemos, pero trataré de mostrarte lo bello y lo duro de este mundo para que las decisiones que tomes y las situaciones que vivas sean algo más llevaderas. Tendrás que decidir tantas cosas… y me gustaría que fuera en un mundo donde cada persona sea eso, una persona, pero no es así. Serás catalogada por tu nacionalidad o nacionalidades, tu sexo, tu supuesto estatus, y tantas otras cosas. Sólo te pido que no dejes que eso te ponga límites. Tus límites sólo los creas tú misma.

Quizá el hecho de viajar ayude, o al menos eso espero. Lo que está claro es que no vienes a este mundo a ser sólo de un sitio, sino de todo él con su riqueza. Hemos de encargarnos de ello. Sé que será complicado cuando alguien te pregunte no poder responderle que eres de aquí o de allá, sino que tus influencias vienen de varios lados y que ello te hace como eres, pero precisamente tu respuesta reflejará que nada es blanco o negro, ni viene previamente etiquetado, sino que se va construyendo, como la historia misma.

También quisiera contarte que a pesar de la inmensa belleza de este mundo, que es increíble, también habrá altos y bajos. Momentos en los que no tengas nada claro y otros de total lucidez. Y es en las situaciones grises en las que la claridad de mente por no conocer un sólo contexto te puede ayudar. Quédate con lo que más te guste de cada lado, compáralo y decide. Y recuerda siempre que tu mente es un infinito mundo de posibilidades. No es ciencias o letras, no es débil o fuerte, no es tímida o abierta. Lo es todo al mismo tiempo y sólo tú sabrás qué parte es en la que quieres profundizar más.

Reflexionemos juntas, en medio de esta espera. Y después sigamos deambulando.


jueves, 25 de mayo de 2017

Más allá de las playas paradisíacas


¿Y la memoria? ¿Y la justicia?

No es sólo aquí, no es solo ahora, no es sólo en Colombia sino en todos los países y continentes, pero no quiero dejar pasar este ejemplo que evidencia que el mundo todavía debe seguir cambiando mucho. Ayer fue el desierto. Hoy es el caribe. Mañana…

...

Bolívar es uno de los 32 departamentos de Colombia. Una parte de él está situado en la costa del Mar Caribe y es conocido por su capital, Cartagena de Indias, aunque mucha gente de fuera del país no sepa el nombre del departamento como tal, sólo el de esta ciudad.

Igual de desconocido que el nombre de esta zona administrativa colombiana. Así de escondidas y casi siempre olvidadas son las vidas de muchas de las personas de viven en la zona alejada de la urbe amurallada. Buena parte de los habitantes son mujeres, que viven a pocas horas de las playas y de los turistas del extranjero, y cuyas vidas siguen al margen de ese llamado “desarrollo” que se vive en el país.

Recientemente, estando sentada en una sala de reuniones en la bulliciosa Bogotá, con una panza de más de 7 meses que no me permite mucho levantarme de la silla, una de esas mujeres se acercó y nos contó algunas historias acerca de algunas vidas tras sufrir un abuso sexual vinculado al conflicto que les ha sacudido tantos años. Y no son inventadas, sino contrastadas mediante investigación.

Historias sanitarias:

Primer caso, el de cirugía estética. ¡Pero la cirugía estética es algo mundano que los servicios de salud públicos no pagan! Si la mujer quiere verse bella, que se lo costee. También la mujer rural, también aquella a la que mientras violaban le rasgaban la cara para que todo el pueblo supiera que había sido ese guerrillero y no otro el que más víctimas acumulaba en su haber en esa comunidad. También en ese caso.

Segundo caso, el del/la colonproctólogo/a. Por fin, después de muchos años, una mujer totalmente desgarrada por un abuso consiguió con acompañamiento legal que le derivaran de forma gratuita a uno de estos especialistas. Y no hay ni una sola clínica en toda la región de Bolívar para atenderla. Y así lleva ya meses buscando.

Tercer caso, ¿y un/a sexólogo/a? También algo poco común, e indispensable que se brinde en centros de salud a ciertas mujeres que nunca más volverán a tener una vida sexual normal tras una de estas tragedias. Con suerte lo han superado, pero llega el momento de la verdad, el momento de volver a enfrentarse con la intimidad.

Historias psicosociales:

La pérdida de niñez. A los 9 años todavía se juega con muñecas y la vida se ve sencilla. Hasta ese momento en el que por ser violada ya ni tú misma ni nadie más te reconocerá como niña. Entonces, de golpe, a los 6, 7, 8 o 9 años dejas de ser niña. Y nunca más lo serás. Esos años perdidos nadie los retorna, ni con toda la salud, todo el dinero y todo el amor del mundo.

La atención diferenciada. Pero es que son muchos los casos… no se puede atender a cada mujer de forma personal porque no hay recursos suficientes ni tiempo para ello. Si llegan a ser atendidas se les aplica el protocolo legal, y ya con eso pueden darse por satisfechas. Pero un caso, sólo un caso en el que una mujer pudo volver a la playa y “despedirse del mar” para perdonar todo lo sucedido marcó la diferencia en su vida. Qué habrá de todas las demás…

Sanarse para perdonar. No sólo estas mujeres, sino también quienes a veces les acompañan en su peregrinación sanitaria, social y legal, con toda la buena voluntad, pero que tampoco han sanado. Y es que para avanzar hacia la paz, la comprensión y la empatía una persona debe haberse sanado previamente. Así de sencillo y de complicado en ciertos contextos en los que prima lo que se necesita aquí y ahora.

Parejas que no comprenden. Sólo quien pasa el trauma sabe lo que es. Una pareja puede amar, comprender, convivir, estar al lado… pero si no se trabaja con quienes acompañan la recuperación de aquellas que han sufrido abuso sexual, ésta siempre será más lenta y costosa.

Historias judiciales:

El caso de las modernas redes sociales. Hay una cuenta de Facebook para acusar a mujeres tras denunciar a agresores de violencia sexual. Y tiene bastantes seguidores de las poblaciones de donde ellas son. Dicen que con toda probabilidad ha sido creado por funcionarios/as públicos/as. Sin palabras. Si estos casos no logran salir de lo local y se criminaliza a las víctimas usando las redes ¿cómo no esperar que haya tanta impunidad? ¡Pero qué malas mujeres éstas que denuncian, cuando ya sólo queda olvidar!

El caso de “yo no veo nada”. O aquel hombre haciendo gestos delante del juez de “te voy a matar” a la mujer que le ha denunciado, sabiendo que casi con toda probabilidad no pase nada y luego pueda seguir en la calle amedrentándola. Y hasta el momento efectivamente no ha pasado nada, porque el juez no vio nada y si vio no va con él.

... 

Y después preguntan por qué seguir haciendo política. Todo lo personal que le pase a cada una de estas mujeres fuertes es también político. Es lo mínimo que se puede hacer. Lo mínimo de lo mínimo.


domingo, 2 de abril de 2017

Conectada. Creciendo.


Aquí conectada el tiempo pasa rápido. Un segundo día de abril de un año impar…

Siempre he creído que los años impares se me dan mejor que los pares, pero trataré de deshacer mi propio mito pensando que, si bien este año trae novedades, estas se gestaron en un año par, que fue el pasado.

Y esta conexión que me trae el buen año impar no es otra que aquella que la que me permite tener algo más en común con la familia y amistades del lugar donde nací, o con esa gente que me quiere y anda repartida lejos de Bogotá. Es la conexión de sentir formar parte de un todo, a través de lo nuevo que viene.

Pero tengo un reto enorme: El de seguir siendo yo, el de no perder lo que me apasiona o por lo que me he movido desde hace años. El reto es conjugarlo descubriendo juntas cada paso, desde este mismo momento y sea lo que sea lo que deba venir.
 
Esta vida errante que ya lleva una década y media, pero que siempre he llevado dentro, es lo que me desespera empezar a explicar. Que el planeta está lleno de matices y rincones, y que todos ellos se comparten de alguna manera. Ver a través de mis ojos y ver a través de esos otros que se forman, mientras no pierdo el rumbo a pesar de querer que todo salga bien.

La fuerza de las energías luchadoras que me preceden y de las que vendrán, como ésta, es la que espero que me guíe. No como algo abstracto, sino bien real. El reto de no tener lugar fijo no será el centro, sino que lo serán las ansias de conocer y de allanar cada paso.

Porque no puedo evitar las enseñanzas de los lugares donde he vivido, cuyas realidades necesito nunca olvidar para poder transmitir:
-        Vaduz, Liechtenstein, donde jóvenes maltratadas y maltratados me enseñaron el valor de seguir adelante en medio del abandono.

-        Nairobi, Kenia, y sus slums en los que parece no pasar nada mientras turistas vienen y van en sus todoterrenos, queriendo comerse el mundo con sus buenas o malas intenciones.

-        Madrid, y la cantidad de gente de no se sabe dónde y de no sé cuántas creencias dispares con la que me pude llegar a cruzar en un año.

-        Ese pequeño pueblo bereber llamado Hassi Labiad, en Marruecos, que en sólo tres semanas reimpulsó las iniciativas que ya había tomado, y me hizo empezar a amar el Sáhara en su inmensidad.


-       Nunca, nunca, pero nunca olvidaré La Paz de La Paz. Una amiga me dijo una vez que hay ciudades para cada quien, y la mía fue ese lugar y sus movilizaciones de 2005. Nunca nada volverá a sucederme como encontrarme en medio de ese clima socio-político. Y nunca más he vuelto a vivir sola para conocerme como allá. ¡Bravo mi querida ciudad de adopción!

-        Huambo, en Angola. Windhoek, en Namibia. Kigoma, en Tanzania. Y Ouagadougou, en Burkina Faso. O lo que yo llamo mi recorrido de breves espacios de tiempo en el África llamada “negra”. Siempre llegué de un brinco, sin pensar, y salí de la misma manera.

-        Quito y sus reflexiones, y las montañas de conocimientos y amistad. La mitad del mundo en un momento de altibajos y éxitos.

-        El Sáhara Occidental, aquí en este blog escribí cuando llevaban 39 años de lucha y ya van más de 41… y como siempre contando. Mi amor ha quedado allí y nunca se ha ido, aunque no vea el momento de volver.

-        Las ciudades de mi “ruta mediterránea” en las que finalmente vivo, que me enseñan cada día la diversidad de esa diminuta, y a veces dividida parte del mundo en la que he crecido.

-        Nuakchot, la Mauritanie, ¡ay la Mauritanie! Cuánto calor, cuánta historia, qué rumbos toma la vida para llevarte hasta
       allí para volver conectar todas “esas áfricas”.

-        Bogotá y la fuerza de los nuevos procesos, de los cambios en el caos y mi pequeña y creciente familia en medio de ellos. Gente y lugares que me enseñan a no perderme.

-        El resto del mundo y lo que queda por conocer y por vivir, sea en un lugar profundizando sobre él o sea siguiendo en 
       estas vueltas… cada vez más acompañada.

Raquelicayni sigue creciendo.
 

jueves, 5 de enero de 2017

Pasos, pasos.


Chicó, Bogotá. 1 de enero de 2017
 
Cuando se presentan retos nuevos es cuando la vida retoma el sentido que siempre ha tenido, pero con un color más vibrante. El 2017 ha comenzado con un paseo matutino por una calle casi desértica, momento que ha permitido a los sentidos ponerse nuevos retos. Y es que Bogotá realmente se vacía el 1 de enero y se vuelve en una metrópoli casi deshabitada. Caminando por la carrera 15, que cada día a cualquier hora es insoportable para el tráfico, una se siente por fin relajada entre los nueve millones que le acompañan. El estrés citadino se vuelve en un “búsquenme que no me encuentran” y sólo queda el reloj y el 2017.
 
El 1 de enero me ha encontrado en una situación cómoda de nuevo, tras muchos vaivenes y decisiones que nunca son malas porque son las propias y porque permiten dar pasos hacia el lugar al que realmente se quiere ir. El 31 estaba saliendo de una zona rural hoy tranquila para dar paseos. Y conociendo y viviendo los nuevos retos, eso sin dudarlo.
 
Bacatá era el nombre muisca de Bogotá. Hoy no quedan poblaciones originarias viviendo como solían hacerlo hace cientos de años, como sucede en tantas otras partes del mundo, pero ha quedado el nombre de Bogotá. De hecho, en los pueblos de Cundinamarca o Boyacá puede sentirse muy presente la arquitectura colonial española, y no tanto la de quienes habitaron antes.
 
 
Hace casi un año, cuando llegué, miraba los restaurantes, las inercias, las frutas, las gentes y las costumbres con un ángulo entrañable tras los 3 años intensos en el desierto. Hoy veo puertas abiertas, novenas de aguinaldos, navidades de locura como en ningún otro lado que he vivido, y luces, y belleza incluso en las incoherencias.

Villa de Leyva, Boyacá. 28 de diciembre de 2016
 
Porque una amiga me dijo algo que estoy sintiendo: ¿Dónde como aquí vas a encontrar un lugar donde te sientas tan acogido, donde la gente sea tan abierta y te sientas en libertad, y sin embargo no se consiga todavía haber completado un proceso de paz? En este lugar que recomiendo conocer.
 
No hay mejor momento que este para plantearse retos. Ni realmente mejor lugar que esta ciudad loca pero a su manera acogedora. No hay lugar como aquí para quitarse toda la cortina de los ojos y sólo pensar en lo que se quiere para el futuro. Sin miedo, sin pensar en qué dirán ni los que te importan ni los que no quieres. Colombia está siendo, para mí, el lugar que no sólo me ha quitado el miedo al cambio de rumbo, sino que me ha empujado a ello.
 

Usaquén, Bogotá, 1 de mayo de 2016
 
Y mientras tanto sigo buscando el hueco en el mar de personas, con la bici, el sol, la lluvia, Luminitza mi gata callejera, el verde y el asfalto, las manifestaciones, los amplios saberes, los discursos innovadores, los cambios que se esperan, el camino a la convivencia.
 
No me quiero ir. Por suerte aún no me voy.