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domingo, 2 de abril de 2017

Conectada. Creciendo.


Aquí conectada el tiempo pasa rápido. Un segundo día de abril de un año impar…

Siempre he creído que los años impares se me dan mejor que los pares, pero trataré de deshacer mi propio mito pensando que, si bien este año trae novedades, estas se gestaron en un año par, que fue el pasado.

Y esta conexión que me trae el buen año impar no es otra que aquella que la que me permite tener algo más en común con la familia y amistades del lugar donde nací, o con esa gente que me quiere y anda repartida lejos de Bogotá. Es la conexión de sentir formar parte de un todo, a través de lo nuevo que viene.

Pero tengo un reto enorme: El de seguir siendo yo, el de no perder lo que me apasiona o por lo que me he movido desde hace años. El reto es conjugarlo descubriendo juntas cada paso, desde este mismo momento y sea lo que sea lo que deba venir.
 
Esta vida errante que ya lleva una década y media, pero que siempre he llevado dentro, es lo que me desespera empezar a explicar. Que el planeta está lleno de matices y rincones, y que todos ellos se comparten de alguna manera. Ver a través de mis ojos y ver a través de esos otros que se forman, mientras no pierdo el rumbo a pesar de querer que todo salga bien.

La fuerza de las energías luchadoras que me preceden y de las que vendrán, como ésta, es la que espero que me guíe. No como algo abstracto, sino bien real. El reto de no tener lugar fijo no será el centro, sino que lo serán las ansias de conocer y de allanar cada paso.

Porque no puedo evitar las enseñanzas de los lugares donde he vivido, cuyas realidades necesito nunca olvidar para poder transmitir:
-        Vaduz, Liechtenstein, donde jóvenes maltratadas y maltratados me enseñaron el valor de seguir adelante en medio del abandono.

-        Nairobi, Kenia, y sus slums en los que parece no pasar nada mientras turistas vienen y van en sus todoterrenos, queriendo comerse el mundo con sus buenas o malas intenciones.

-        Madrid, y la cantidad de gente de no se sabe dónde y de no sé cuántas creencias dispares con la que me pude llegar a cruzar en un año.

-        Ese pequeño pueblo bereber llamado Hassi Labiad, en Marruecos, que en sólo tres semanas reimpulsó las iniciativas que ya había tomado, y me hizo empezar a amar el Sáhara en su inmensidad.


-       Nunca, nunca, pero nunca olvidaré La Paz de La Paz. Una amiga me dijo una vez que hay ciudades para cada quien, y la mía fue ese lugar y sus movilizaciones de 2005. Nunca nada volverá a sucederme como encontrarme en medio de ese clima socio-político. Y nunca más he vuelto a vivir sola para conocerme como allá. ¡Bravo mi querida ciudad de adopción!

-        Huambo, en Angola. Windhoek, en Namibia. Kigoma, en Tanzania. Y Ouagadougou, en Burkina Faso. O lo que yo llamo mi recorrido de breves espacios de tiempo en el África llamada “negra”. Siempre llegué de un brinco, sin pensar, y salí de la misma manera.

-        Quito y sus reflexiones, y las montañas de conocimientos y amistad. La mitad del mundo en un momento de altibajos y éxitos.

-        El Sáhara Occidental, aquí en este blog escribí cuando llevaban 39 años de lucha y ya van más de 41… y como siempre contando. Mi amor ha quedado allí y nunca se ha ido, aunque no vea el momento de volver.

-        Las ciudades de mi “ruta mediterránea” en las que finalmente vivo, que me enseñan cada día la diversidad de esa diminuta, y a veces dividida parte del mundo en la que he crecido.

-        Nuakchot, la Mauritanie, ¡ay la Mauritanie! Cuánto calor, cuánta historia, qué rumbos toma la vida para llevarte hasta
       allí para volver conectar todas “esas áfricas”.

-        Bogotá y la fuerza de los nuevos procesos, de los cambios en el caos y mi pequeña y creciente familia en medio de ellos. Gente y lugares que me enseñan a no perderme.

-        El resto del mundo y lo que queda por conocer y por vivir, sea en un lugar profundizando sobre él o sea siguiendo en 
       estas vueltas… cada vez más acompañada.

Raquelicayni sigue creciendo.
 

jueves, 5 de enero de 2017

Pasos, pasos.


Chicó, Bogotá. 1 de enero de 2017
 
Cuando se presentan retos nuevos es cuando la vida retoma el sentido que siempre ha tenido, pero con un color más vibrante. El 2017 ha comenzado con un paseo matutino por una calle casi desértica, momento que ha permitido a los sentidos ponerse nuevos retos. Y es que Bogotá realmente se vacía el 1 de enero y se vuelve en una metrópoli casi deshabitada. Caminando por la carrera 15, que cada día a cualquier hora es insoportable para el tráfico, una se siente por fin relajada entre los nueve millones que le acompañan. El estrés citadino se vuelve en un “búsquenme que no me encuentran” y sólo queda el reloj y el 2017.
 
El 1 de enero me ha encontrado en una situación cómoda de nuevo, tras muchos vaivenes y decisiones que nunca son malas porque son las propias y porque permiten dar pasos hacia el lugar al que realmente se quiere ir. El 31 estaba saliendo de una zona rural hoy tranquila para dar paseos. Y conociendo y viviendo los nuevos retos, eso sin dudarlo.
 
Bacatá era el nombre muisca de Bogotá. Hoy no quedan poblaciones originarias viviendo como solían hacerlo hace cientos de años, como sucede en tantas otras partes del mundo, pero ha quedado el nombre de Bogotá. De hecho, en los pueblos de Cundinamarca o Boyacá puede sentirse muy presente la arquitectura colonial española, y no tanto la de quienes habitaron antes.
 
 
Hace casi un año, cuando llegué, miraba los restaurantes, las inercias, las frutas, las gentes y las costumbres con un ángulo entrañable tras los 3 años intensos en el desierto. Hoy veo puertas abiertas, novenas de aguinaldos, navidades de locura como en ningún otro lado que he vivido, y luces, y belleza incluso en las incoherencias.

Villa de Leyva, Boyacá. 28 de diciembre de 2016
 
Porque una amiga me dijo algo que estoy sintiendo: ¿Dónde como aquí vas a encontrar un lugar donde te sientas tan acogido, donde la gente sea tan abierta y te sientas en libertad, y sin embargo no se consiga todavía haber completado un proceso de paz? En este lugar que recomiendo conocer.
 
No hay mejor momento que este para plantearse retos. Ni realmente mejor lugar que esta ciudad loca pero a su manera acogedora. No hay lugar como aquí para quitarse toda la cortina de los ojos y sólo pensar en lo que se quiere para el futuro. Sin miedo, sin pensar en qué dirán ni los que te importan ni los que no quieres. Colombia está siendo, para mí, el lugar que no sólo me ha quitado el miedo al cambio de rumbo, sino que me ha empujado a ello.
 

Usaquén, Bogotá, 1 de mayo de 2016
 
Y mientras tanto sigo buscando el hueco en el mar de personas, con la bici, el sol, la lluvia, Luminitza mi gata callejera, el verde y el asfalto, las manifestaciones, los amplios saberes, los discursos innovadores, los cambios que se esperan, el camino a la convivencia.
 
No me quiero ir. Por suerte aún no me voy.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Érase una vez dos mujeres y tres hombres


Aprovechar y vivirlo todo. Lo que se tiene y lo que se hace en ese momento, ni antes ni después. Con toda la intensidad de que dispongamos...

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Ya hoy no les veo. Parece que ellas y ellos a mí tampoco. Pero vuelvo al "ayni" de siempre para enviarles unas simples palabras que explican lo que cada quien supuso para mí, antes de que se marcharan jóvenes, incluso muy jóvenes en algún caso. No sé si antes de lo que les tocaba, o puede ser que ya hubieran dado lo que tenían que dar. Sinceramente, me hubiera gustado que permanecieran, sólo por estar un poquito más de tiempo nomás, pero no todo el mundo puede, y todo el mundo se irá. Es parte de esta linda y corta vida que tenemos. En fin, a lo que voy, que en mi caso me dieron algo, y lo comparto.
...

La primera persona en irse fue "J". Tenía sólo 31 años. Gracias a la oportunidad que me dio estoy hoy donde estoy. Los pasos los fui dando yo, pero me puso las primeras baldosas que permitieron que no resbalara. También fue mi primer ejemplo laboral. Cada palabra que decía, cada vez que contaba su experiencia en los Balcanes, cada programa informático que usaba, cada vez que arreglaba el tóner, cuando quería cambiar el mundo contratando a personas con potencial, como decía. Y sobre todo, cada vez que insistía para que no me pagaran pequeños montos como voluntaria, sino que fuera contratada. No lo consiguió y buscó por su cuenta mejorar. Huyó corriendo para formar una familia y se fue tan rápido como salió de mi oficina, mientras yo estaba en mi segundo viaje, en Marruecos. Era 2004.
No pensaba que iba a tardar tan poco y cuando volví ya ni pude ir a verle. El último recuerdo: su elegancia, su forma de tratar bien a las personas y la tranquilidad con la que aún me contaba anécdotas en sus últimos días, que no pensábamos que fueran los últimos. No le he borrado de mis listas de contactos y aún tengo las oleadas de intercambios de información entre tres continentes cuando todo el mundo estaba sorprendido de que no nos escribiera más. "J" volverá a mí cada vez que me vaya de veraneo en mi dulce cuna esperando que alguien me dé una primera oportunidad, como un ejemplo en lo que ahora hago, con sus defectos y virtudes.

...
 
"G" desapareció de una forma increíble, dándolo todo por cruzar el charco desde África hasta América para conseguir traer una persona a este mundo. Su familia le siguió y su amor perdura hoy en día en cada gesto de los y las que ha dejado y con quienes me sigo escribiendo muy de vez en cuando. La primera conversación que tuvimos fue con un par de cervecitas en una playa, sobre la última malaria que había pasado. Me dijo que había sentido como un pitido en el oído antes de enfermar, y yo ya estaba esperando sufrir también la enfermedad de un momento a otro, aunque nunca me pasó.

Y la malaria no le mató, porque era demasiado fuerte, una persona muy activa. Lo único que le pudo llevar fue el amor, con algo más fulminante que su risa y en muy pocos meses. Tenía un año más que yo en 2011. Ni la fuerza de la energía que dejaba por donde pasaba, con nuestras fiestas en Tanzania, le sirvió para quedarse. Demasiado bueno era todo para un sólo mundo en el que existir.

En mi cabeza queda el recuerdo de esa persona bella por fuera y por dentro que me mostraba cómo eran las enfermedades y estaba asustada, y bebía conmigo para olvidar, y bailaba, y cantaba, y reía. Ya no tendrá miedo. Aunque por lo poco que le conocí puedo afirmar que en realidad nunca lo tuvo.
 
...
 

"JC" me recibirá en su casa, como cada vez que le veía, en el calor o en el frio. Me ayudará en todo lo que pueda. Siempre seguirá con su café y su cigarrillo contándome cosas que si no hubiera saltado el charco para llegar a Bolivia no hubiera conocido. Más bien no me dejará hablar, como siempre, pero yo me impondré para que no domine la conversación. Tras esto, mirándome fijamente con mi sorpresa delante sólo me dirá lo mucho que quiere a Raquelita por ser como es. Y me desharé en pensamientos contradictorios que al final sólo me llevan al elogio. Pasábamos tras esa conversación a dar volteretas en la piscina… a vivir la vida sin más, nada más y nada menos.

Dando siempre lo que tuvo, fuera mucho o poco, con las dificultades que ello le traia. Con amistades tocando a la puerta todo el día, niños y niñas con bengalas en casa por navidad, idas y venidas sin parar, y años y años de hospitales. Sin dejar de decir que me quería, primero con linda voz que bien serviría para doblar películas, luego con tono tembloroso pidiendo que cuidara a quienes quedaban. Lo que es claro es que se hizo mejor persona durante su enfermedad. En el desierto de Argelia estaba yo el día de su partida en 2013, pero igual nos llamábamos, eso sin dudarlo. Pronto le visitaré, de verdad espero, allá en su verde campo en el que está.
...

Al llegar aquí a Colombia aún no sabía que "AL" se nos había ido. Súbitamente vino ese pensamiento de ese día volviendo a casa, después de una reunión de trabajo que supuso la conexión que me permitió conocer que se había marchado. Cuando le vi por última vez, en este lado del charco pero más abajo, en tierra de volcanes, me dijo que nunca trataba sus males con medicina tradicional. Afirmaba que la familia estaba asustada pero que había que intentarlo de forma natural. Tras ello le seguí la pista por teléfono durante meses porque me mostraba donde yo quería estar en 15 o 20 años, al lograr decir las cosas sin tapujos, sin miedo.

Pero en esas fechas de 2014 yo ya no le había escrito desde hacía unos meses porque estaba absorta en mi mundo… Tanto siento no haber compartido unas últimas palabras que la única solución que encuentro es decir por aquí lo importante que considero que fue para su país y lo que su existencia supuso para mucha gente. La imagen de mi relación con esta persona: Un discurso que dio en la asamblea nacional de Ecuador ante cientos de asistentes, cuando ya sabía que su momento político había terminado, en el que osó acordarse de esa pequeña Raquel que estaba sentada donde nadie le veía y dijo que la cooperación necesitaba más gente bien intencionada como ella. ¡Qué gratitud cuando supe que se había ido y lo que me hizo creer en mí misma con ese simple gesto!
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Y este año se ha marchado la última persona, "D", tras tiempo de no verle pero seguirle siempre de cerca por internet o a través de los otros colegas de toda la vida. Siempre fue para mí otra referencia, aunque nadie lo imagine, por su inteligencia, su emprendimiento y la forma en la que supo ganarse a la gente siendo como era. Sólo me da pena no haberle podido decir que no existen las diferencias políticas ni de ningún otro tipo si las personas se comprenden, y que esas cosas son pasajeras como nuestro tiempo aquí. Pero, sobre todo, si le tuviera delante le hubiera dicho que si bien alguna vez me hizo llorar no fue lo que dijo sino más bien mi impotencia por no poder explicar a personas tan estupendas la facilidad de comprendernos. 

Pero me visitó en sueños. Vino. Me alegré muchísimo. Hablamos largo y tendido una noche, cuando ya no estaba. Me dijo que no me preocupara por nada, que todo continuaba, y esa conversación de toda la noche es la última que tendré. Mi mente y quién sabe qué nos hicieron ese regalo. Y se fue, ya no volvió, pero la amistad que dejó en mi de adolescente tras esos campamentos de verano se quedó, al saber que existen antiguas amistades que sobreviven a los años.
...

Nadie se ponga triste, que el camino que pasó por “J", "G", "JC", "AL" y "D” es el de la vida. Lindo ¿No? 

Érase una vez todo lo que no se acaba, todo lo que se torna en algo tan sencillo como una sonrisa. La sonrisa de todos los días.


 
 

domingo, 26 de junio de 2016

Alma tuareg, alma emberá


 … Gracias a las nubes, a esas nubes de hace más de dos meses de esta foto… Gracias a ello me he decido hoy, y no cualquier otro día, a publicar este post. Y es que las noticias que han llegado hoy desde mi país muestran que muchas veces la sociedad no quiere cambio, y que, desde mi punto de vista, tiene miedo. Mientras, por los lados del charco en los que me sumerjo desde inicio de este año, esta semana ha traído la paz.

Y es una sola voz por el fin del conflicto, la de una sola mujer a la que dieron hace poco espacio en un foro, una con carisma, la que me hizo sentir ser de nuevo parte de este pequeño mundo en el que cada quien mira para sí. Ella nos preguntaba a los asistentes ¿Por qué se olvida a nosotras, el 79% de las víctimas? Sin datos aproximados ni estadísticas certeras, más que su experiencia de vida, nos transmitía con ojos encarnados lo que había vivido.
 
http://www.rociodelatorre.com/
De repente, en ese momento, comencé a pensar también en una buena amiga tuareg, de la que me he despedido llorando hace cinco meses. No por dejar de vernos sino por contar su experiencia ha sido la única vez en la que la he visto llorando a ella, siempre tan alegre. Tuvo que huir de su país hace ya un par de décadas y rehízo su vida en Mauritania, pero cuenta sin tapujos entre mujeres las veces que fue violada en Mali ya por los años 80*. Fuerte es, muy fuerte, y tanto se sigue preocupando por mí que me sigue escribiendo "whatsapps" para ver si estoy bien. Necesito continuar llevando conmigo el alma del pueblo tuareg, y por ahora, en este contexto en el que vivo, puedo seguir recordándola con una pequeña pulsera que hizo a mano y me regaló.
 
Pero suma, no olvides. 

www.instagram.com/art_by_clod/
Mientras tanto, allá en ese viaje por esas nubes de hace un mes, en uno de esos pequeños aviones que se mueven hasta darte un susto pero de los de verdad, recordaba los grupos de mujeres emberá y de otras etnias indígenas del pacífico colombiano. Esos que están en este momento tratando de cambiar su situación, apostando por la paz, por mantener su identidad y por conseguir igualdad al mismo tiempo. ¡Al mismo tiempo, por favor, a ver si esta vez en la historia sí se consigue! Las mujeres emberá se pintan con jagua y achiote y danzan y me miran, y sonríen, y no puedo evitar querer gritar y llevar esa segunda pulsera como si fuera un tatuaje.

Alma tuareg, alma emberá. Ellas nunca han tenido lugar para su patria en paz. Quieren conseguirlo.

Por favor, no me abandonen mujeres, no me abandonen ninguna. Guíen a esta torpe a la que nada le falta a encontrarse. Unamos almas, cantemos, lloremos, riamos y gritemos, pero por favor no en las nubes sino con la fuerza de los pies puestos en tierra, para que no se nos deje de oír. El sonido de la voz se graba, mis queridas, y también el de la palabra escrita.

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*Durante años, el pueblo tuareg ha participado en guerras que no eran la suya, mucho antes de las rebeliones que comienzan en 2012. En estos conflictos, las mujeres han sido utilizadas como “armas de guerra”. No he encontrado artículos en español sobre la situación de los años 80 del pueblo tuareg, y mucho menos de las mujeres como mi amiga, pero esta entrevista a un mercenario pagado por Gadafi puede dar pistas:
Pregunté sobre las acusaciones de que las fuerzas de Gaddafi habíanviolado a las mujeres. “Nunca vi eso”, aseveró. Pero su unidad encontró ungrupo de mujeres que aseguran haber sido violadas por hombres de Sudán y Egipto que habían estado combatiendo con los rebeldes.

domingo, 7 de febrero de 2016

Varios momentos, varias vidas


No podía comenzar una nueva etapa en Colombia sin tomarme un rato para sentarme y escribir sobre los varios momentos vividos al final de mi periodo mauritano. Se puede decir que he tenido una salida abrupta, muy lejos de lo que esperaba que fueran mis últimas semanas tras una fase de mi vida llena de riquezas y de encuentros con objetivos cumplidos…
 
Pero veamos tres momentos, por orden cronológico:
 

Momento "A)", lo que llamo la construcción de la desigualdad

Algo así como un mes y medio antes de salir de Nouakchott, me encontraba en pleno atasco en una de las varias rotondas del centro de la ciudad. Las diferencias entre etnias y grupos en el país también se ven ante el volante. Y además existen manifestaciones claras de construcciones culturales machistas, como la de darle paso siempre a una mujer de etnia mora mauritana* que conduce, solo por el hecho de ser mujer.

Podemos imaginar la cantidad de situaciones disparatadas que ello puede crear, y por supuesto la mayoría de ellas pasa por echarle la culpa a las “moras blancas” de cualquier situación rara en el tráfico, solo al verlas dentro del embotellamiento. Y por su lado estas mujeres no comprenden por qué hay gente que no respeta su prioridad que va ante todo y sobre todo. Esa prioridad que está por encima de la ley. En fin, que una cosa lleva a la otra.

Ese día, en esa rotonda, sin poder mover el coche ni un milímetro, no di paso a que una señora viniera en sentido contrario. Me siguió hasta casa en su coche, me amenazó y dijo que yo no respetaba nada.

Ante esos altibajos a causa del estrés se puede caer en la inercia de no ver qué hay debajo de la reacción de esta mujer. No le permití que gozara de los dos beneficios que tiene: El de su etnia y el que deriva de suponer que las mujeres no son iguales y por eso se les debe dejar pasar. Ambos bien difíciles de cambiar.

Sólo pude decirle que con ella no se puede hablar y entrar a casa. Solo eso.

No me gustó nada mi reacción porque presumo de ser socióloga y de tratar de comprender. Presumo de trabajar por la igualdad. ¿Qué hacer cuando por estrés hay situaciones que superan? Debí haberme tomado un tiempo para tratar de hablar con esta mujer, aunque sepa que hay costumbres tan enquistadas que solo se pueden conseguir avances hacia la igualdad comprendiéndolas, y trabajando varios años en la cultura que las da por buenas.

Espero no sonar muy condescendiente, pero no se me ocurre una mejor forma de comprendernos que tratando de hacerlo.
 

Momento "B)",  lo que llamo esperanza y a la vez injusticia

Y esa desigualdad hace también que sólo las mujeres deban ocuparse de los y las más pequeños. Como las del trabajo que he venido realizando.

Empezaré por el principio. La alimentación de los bebés y niños/as es un problema muy grave en muchas partes de Mauritania, desde hace tiempo, con épocas en las que el problema es menos dramático y otras que debido a las condiciones climatológicas todo se agrava. Además, las mujeres encuentran poco apoyo de la familia para cualquier tarea relacionada con los cuidados.
 
He trabajado un año y medio en coordinación con las estructuras de salud para asegurar que haya recursos, se reconozca este problema y atienda a todo el mundo, para tratar de evitar injusticias.

Por mi parte, no he solido pasarme mucho por los hospitales, pero como la zona de trabajo está lejos de Nouakchott (la región se llama Brakna y la capital Aleg), de repente, en uno de mis últimos sábados, me encontré con una llamada de urgencia. Había un bebé que ya había sido evacuado a la capital del país, pero ese día venían dos más. Y me sorprendí en un centro saturadísimo, buscando a la enfermera que acompaña a las madres para que los bebés no se murieran.

En la mayoría de los momentos que estuve esperando en el hospital sentí mucha impotencia por no saber hacer nada más… y por ser consciente de que, aunque pasara todo el tiempo del mundo en urgencias, siempre es mucho más útil para esos bebés que me quede quietita en mi despacho.
 
No obstante, a pesar de nuestros problemas de entendimiento por el idioma (ella solo hablaba árabe), el carácter y el buen humor de la enfermera fue lo mejor del día. Es algo que desde luego se me queda grabado. También es algo que ha quedado allí mientras yo estoy aquí. No sé si la vida me regalará otra tarde con ella. Lo dudo.

Uno de los tres bebés murió por complicaciones. Los otros dos volvieron a Brakna con sus madres y con la enfermera, varios días después.

 
Momento "C)", lo que llamo que las cosas realmente te toquen a ti

Pero no basta con vivir en un sitio, no basta con tener amistades que te cuentan la realidad, no basta con conocer sus problemas y ser empática. No. Para realmente saber por dónde andas debes vivir las cosas en primera persona, y me pasó.

Los problemas del corazón siempre suelen ser graves, pero si encuentran a un ser querido en un día en el que nadie trabaja, en un lugar con un sistema sanitario muy débil, y estás sola para ayudarle, entonces comprendes a la mujer del coche, a la enfermera, a las madres de los bebés, y reconoces por fin donde estás.

Un buen regalo que te puede dar la vida es que en medio de todo ese contexto te sientas bien tratada, y tu familiar bien atendido, y todo salga bien… Sí, que todo salga bien, y que las personas pongan en tu mano todo lo que les es posible... Definitivamente  sí, que todo salga bien porque por suerte puedes permitírtelo.

En ese momento y no en otro después del casi año y medio que he pasado en Mauritania, es en el que le di gracias a todo lo que se le puede dar, por haberme permitido vivir algo que no mucha gente tiene suerte de vivir. Y salir airosa.

Hoy es aquí, ayer fue allí, mañana no se sabe. Siempre será diciembre de 2015 en Nouakchott.
 
 
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* Etnias mauritanas de tez clara, algunas de las cuales tienen el poder de las instituciones gubernamentales y económicas. Por el contrario, las etnias mauritanas de tez oscura no tienen, por lo general, igual acceso a los espacios de poder.