¿Y la memoria? ¿Y la justicia?
No es sólo aquí, no es solo ahora, no es sólo en Colombia
sino en todos los países y continentes, pero no quiero dejar pasar este ejemplo
que evidencia que el mundo todavía debe seguir cambiando mucho. Ayer fue el
desierto. Hoy es el caribe. Mañana…
...

Igual de desconocido que el nombre de esta zona administrativa
colombiana. Así de escondidas y casi siempre olvidadas son las vidas de muchas
de las personas de viven en la zona alejada de la urbe amurallada. Buena parte
de los habitantes son mujeres, que viven a pocas horas de las playas y de los
turistas del extranjero, y cuyas vidas siguen al margen de ese llamado “desarrollo”
que se vive en el país.
Recientemente, estando sentada en una sala de reuniones en la
bulliciosa Bogotá, con una panza de más de 7 meses que no me permite mucho
levantarme de la silla, una de esas mujeres se acercó y nos contó algunas
historias acerca de algunas vidas tras sufrir un abuso sexual vinculado al
conflicto que les ha sacudido tantos años. Y no son inventadas, sino
contrastadas mediante investigación.
Historias sanitarias:
Primer caso, el de cirugía estética. ¡Pero la cirugía
estética es algo mundano que los servicios de salud públicos no pagan! Si la
mujer quiere verse bella, que se lo costee. También la mujer rural, también aquella
a la que mientras violaban le rasgaban la cara para que todo el pueblo supiera
que había sido ese guerrillero y no otro el que más víctimas acumulaba en su
haber en esa comunidad. También en ese caso.
Segundo caso, el del/la colonproctólogo/a. Por fin, después
de muchos años, una mujer totalmente desgarrada por un abuso consiguió con
acompañamiento legal que le derivaran de forma gratuita a uno de estos
especialistas. Y no hay ni una sola clínica en toda la región de Bolívar para atenderla.
Y así lleva ya meses buscando.
Tercer caso, ¿y un/a sexólogo/a? También algo poco común, e
indispensable que se brinde en centros de salud a ciertas mujeres que nunca más
volverán a tener una vida sexual normal tras una de estas tragedias. Con suerte
lo han superado, pero llega el momento de la verdad, el momento de volver a
enfrentarse con la intimidad.
Historias psicosociales:
La pérdida de niñez. A los 9 años todavía se juega con
muñecas y la vida se ve sencilla. Hasta ese momento en el que por ser violada
ya ni tú misma ni nadie más te reconocerá como niña. Entonces, de golpe, a los
6, 7, 8 o 9 años dejas de ser niña. Y nunca más lo serás. Esos años perdidos
nadie los retorna, ni con toda la salud, todo el dinero y todo el amor del mundo.
La atención diferenciada. Pero es que son muchos los casos…
no se puede atender a cada mujer de forma personal porque no hay recursos suficientes
ni tiempo para ello. Si llegan a ser atendidas se les aplica el protocolo legal,
y ya con eso pueden darse por satisfechas. Pero un caso, sólo un caso en el que
una mujer pudo volver a la playa y “despedirse del mar” para perdonar todo lo
sucedido marcó la diferencia en su vida. Qué habrá de todas las demás…
Sanarse para perdonar. No sólo estas mujeres, sino también quienes a veces les acompañan en su peregrinación sanitaria, social y legal,
con toda la buena voluntad, pero que tampoco han sanado. Y es que para avanzar
hacia la paz, la comprensión y la empatía una persona debe haberse sanado
previamente. Así de sencillo y de complicado en ciertos contextos en los que prima lo que se necesita aquí y ahora.
Parejas que no comprenden. Sólo quien pasa el trauma sabe lo
que es. Una pareja puede amar, comprender, convivir, estar al lado… pero si no
se trabaja con quienes acompañan la recuperación de aquellas que han sufrido
abuso sexual, ésta siempre será más lenta y costosa.
Historias judiciales:
El caso de las modernas redes sociales. Hay una cuenta de Facebook
para acusar a mujeres tras denunciar a agresores de violencia sexual. Y tiene
bastantes seguidores de las poblaciones de donde ellas son. Dicen que con toda
probabilidad ha sido creado por funcionarios/as públicos/as. Sin palabras. Si
estos casos no logran salir de lo local y se criminaliza a las víctimas usando
las redes ¿cómo no esperar que haya tanta impunidad? ¡Pero qué malas mujeres éstas
que denuncian, cuando ya sólo queda olvidar!
El caso de “yo no veo nada”. O aquel hombre haciendo gestos delante
del juez de “te voy a matar” a la mujer que le ha denunciado, sabiendo que casi
con toda probabilidad no pase nada y luego pueda seguir en la calle
amedrentándola. Y hasta el momento efectivamente no ha pasado nada, porque el
juez no vio nada y si vio no va con él.
...
Y después preguntan por qué seguir haciendo política. Todo
lo personal que le pase a cada una de estas mujeres fuertes es también
político. Es lo mínimo que se puede hacer. Lo mínimo de lo mínimo.