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sábado, 31 de enero de 2015

Y por si fuera poco, algo suena


Acabo de leer que una amiga ha hecho una linda reflexión en un día lluvioso en casa, otra amiga se alegró cuando en mi cabeza sonó algo que de un momento a otro me llevó al pasado. Y por si fuera poco las buganvillas rosas y blancas de la valla de mi jardín me recuerdan que sigo aquí.

La idea es detenerse y pensar lo que una noche hace 20 años pudo venir a mi cabeza cuando decidí no estudiar enfermería o magisterio. Estaba tan embrollada con la marabunta de ideas de la adolescencia que un pequeño “clic” en mi mente hubiera podido llevarme aquí o allá.

No sería hasta mucho tiempo más tarde que descubriría que no hay diferencia entre ciencias y letras, norte o sur, bueno o malo, pero eso sería después de dar todas las vueltas a las que ese afán rebelde pero de niña buena me llevaban. Lo que sonaba es que ya apuntaba maneras.

Ha habido momentos malos, francamente malos, y otros vendrán. Cuando alguien me dice que no puedo hacer algo me da la fuerza para hacerlo. Eso ha sido tras mucho años y kilómetros perdida por las montañas de los andes sin calzado adecuado, cuando pensaba que no podría hacerlo. Tras enseñanzas de personas sabias que saben ponerme en mi lugar y aconsejarme cuándo debo y cuando debo dejar de soñar. Luego yo decido.

Basta de hablar del pasado, que me pierdo en filosofías mundanas que todas las personas piensan y yo me dedico a escribir. Solo diré que la cadena de acontecimientos comenzada quizá ese momento, quizá mucho antes que eso, quizá después, me hizo el 1 de octubre de 2014 aterrizar por nuevas latitudes algo más al sur de las ya conocidas. Y no son como pensaba.

Por la mañana me levanto, a veces medito, y luego suelo desayunar pan tostado un poco duro con mucho ajo, tomate y aceite. Si no voy muy apurada me hago también un zumo de naranja, pero lo más importante es el café para la fatiga mauritana (la famosa fatigue), muy común entre gente extranjera y del lugar. Una chica acogedora me dijo cuando llegué que no era por desanimarme, pero que ella estaba siempre cansada aquí. He preguntado cómo lo remedian y lo que gente suele responderme es “con el té”. Yo con el café, que el té no daría tiempo a preparármelo antes de salir de casa, y si lo hiciera no sería tan rico como el del chico de la puerta de mi oficina.

La oficina, ahí es donde voy, como muchas personas cada día en todas las puntas del planeta, mal y bien pagadas. Y no para cambiar el mundo, sino para organizarlo un poco con la gente con la que en ese momento me ha tocado convivir y trabajar. Y de paso, compartiendo por este blog que la vida idílica no existe, como ya hiciera un cooperante sabio en un artículo de un periódico que hace poco leí.

Me había quedado en el momento de llegada a la oficina. Dejo aparcado el coche prestado en la puerta de la mezquita construida con apoyo de Arabia Saudí y Mohamed me ayuda a lavarlo. Menos mal, porque está lleno de arena del desierto de los kilómetros que hice la semana pasada para venir desde el interior del país. Después cada hombre que me cruzo por el camino (a las 8 de la mañana frente a la mezquita mujeres se ven pocas) me saluda con la acostumbrada sonrisa de oreja a oreja.

Nuakchot está cerca del mar pero la playa no queda cerca del centro. El agua a veces se corta en el edificio, porque es alto, pero por lo general tengo buen internet y siempre hay luz. Eso hace que siga acelerada en el trabajo, hasta la hora de comer, si es que no tengo una reunión de esas largas. A mediodía voy a casa, al final de la jornada busco alguna “actividad extraescolar” y vuelvo a recogerme a la hora del sonido del llamado de las mil mezquitas, que son como un susurro que me recuerda que no desconecte, que estoy aquí. Y bueno, quizá después de cenar siga trabajando, pero el calor del lugar hace que la fatigue vuelva y el día se derrita.

También se me escurren entre las manos, derretidos, los pensamientos que puedo tener sobre cómo abordar determinadas situaciones complicadas, sobre cómo comprender, aceptar, sin juzgar. Realmente muy difícil no juzgar, pero como suele ser inevitable, por lo menos tendremos que hacerlo siendo conscientes de los errores a los que nos pueda llevar.

Y algo ha sonado hoy que no estaba inspirada. El grillo, la luz, el mosquito, el aire, el olor, el sabor, los despojos de los pensamientos, el bebé del alma, el orden y el desorden, lo predecible e impredecible, simplemente yo por aquí. Y mañana la marea quizá traiga algo más.

 


martes, 23 de diciembre de 2014

El ensayo del chicle


El jueves pasado venía de la ciudad de Aleg1 con Sidi, que es el nombre del chofer que me suele llevar tierra adentro para que no tenga que lidiar con camiones y huecos en la carretera. Íbamos hablando sobre sus gustos y los míos, ambos elegimos una canción del usb que yo traía como favorita para nuestros constantes viajes de ida y vuelta. Y le ofrecí un chicle.

Cuando llegué a casa, Ahmedou, el guarda, estaba en la puerta de casa con una rica comida que había preparado en el mini fogón a gas, para un amigo que viene a verle cada viernes. Mientras, comenzó a contarme que el viaje a Senegal para asistir al entierro de su tío había sido muy frío pero tenía que hacerlo, alguien debía representar a la familia que está aquí en Mauritania. Me pidió otra vez que solo le hable español, para conocer algo nuevo. Le ofrecí otro chicle.

Sé que es algo normal, no tiene nada de especial compartir un chicle del paquete que llevas en el bolso, más allá del hecho de desprenderte de una pequeña cosa. Pero mi ofrecimiento va unido a un ensayo que estoy haciendo desde 2010: el ensayo del chicle.

La cosa consiste en comprobar la reacción ante el sabor de la menta fuerte de continente en continente. ¿Simple? ¿Tonto? No sé, en todo caso es genial ver cómo las personas de uno u otro país reaccionan ante mi ofrecimiento dependiendo de su contexto cultural y de mi relación con ellas, además del idioma claro. Sólo quiero aclarar que toda la gente a la que le ofrezco esta menta fuerte no son conejillos de indias sino personas a las que quiero, aprecio, o con las que he pasado parte de mi tiempo fuera de casa. Son quienes comparten o han compartido algo conmigo.

Ese segundo. Esa conversación. Esa respuesta. Algo bonito, muy simbólico porque es algo muy personal, como todo en este blog.

Un compañero y una compañera de trabajo, los dos, en Ecuador, durante las vacaciones de verano de 2011, me trajeron paquetes grandes de chicles fuertes, encargados por mí. Me miraron risueños, pensando “con tantas cosas que podría traerle desde Europa ¿Por qué me pide chicles baratos?”. Pues porque aquí no he encontrado tan fuertes – me respondía yo –.

Allí también, una amiga con la que estudiaba me pedía un chicle siempre para despejarse en clase. Aquí, al contrario, la gente suele ser bastante comedida y no me pide nada, pero su reacción distinta al probarlo sí que se hace notar. Se hace notar tanto como el sonido de las tres mezquitas que llaman a la oración en este momento y que me rodean mientras estoy sentada en el techo de mi casa. Se hace de noche, pero no voy a despistarme, otro día os hablaré de Nuakchot.

A veces siento que sólo me salen oportunidades de repartir mis chicles con determinadas personas. No tengo acceso a todo el mundo y por cuestiones ajenas a mí no podré intentarlo... 
- Mi amiga en Ecuador ponía gestos y me decía que estaba “re fuerte”. 
- Sidi, mi compañero de viaje y de horas de coche, no dice nada pero en cuanto le sirven un té lo tira o lo guarda. 
- Mis colegas saharauis hacían broma conmigo y me pedían chicles dos o tres veces al día, con lo cual el paquete me duraba poco. 
- En mi pueblo, mi familia y amigos aceptan el chicle y hay quien me me dice que el sabor dura mucho para lo poco que cuesta el paquete. 

No sé si unos u otros se daban cuenta de que estoy ensayando a ver qué pasa mientras comparto ese momento. Y no hay respuesta inválida.

Por ahora mi conclusión es que a todas las personas nos gustan los chicles, hay a quienes más y a quienes menos, pero es nuestro contexto el que nos hace preferir una u otra cosa o hablarme de una manera o de otra mientras se masca. Esa manera va de abajo a arriba, de arriba a abajo, de igual a igual, solo variando el sabor de cada quien.

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1 Capital de la región de Brakna, Mauritania. La ciudad es popularmente conocida como el lugar de nacimiento del anterior presidente de Mauritania, Sidi Ould Cheikh Abdallahi. Esta ciudad capital ha tenido históricamente que afrontar severos problemas con la escasez de agua dulce y potable ya que se encuentra ubicada en medio del arenoso desierto del Sahara. 

domingo, 31 de agosto de 2014

Motos, colores, reivindicación, lo amable, creación y bosque

Quizá cuando llegas de nuevo a un lugar no puedes evitar hacer comparaciones. Yo intento no hacerlo pero siempre hay "categorías mentales" que se apoderan de la visión objetiva.

En los primero viajes empiezas pensando en las diferencias y similitudes que existen entre el lugar que estás conociendo y aquel del que vienes. Esta fase suele ser sorprendente.

Después, cuando ya te has movido varias veces fuera del hogar, empiezas a reconocer esos pequeños detalles que hacen único a un sitio y aquellos otros que le incluyen dentro de una de tus "categorías" o ideas, sea la que sea. Las que yo tenía antes de venir eran "país de África del oeste", "mayoritariamente musulmán", "con índices de pobreza altos", "sin mar", "ex colonia francesa", "algo desconocido", "con mucha cooperación internacional", "en paz", "con ciudades que no son metrópolis", "cuna de tradiciones y culturas" (por supuesto, vienen a la mente, en esta última categoría, sin poderlo evitar, los tambores con todo lo que representan…) y por supuesto país del interior del África subsahariana.

Por eso quizás ahora, justo en este momento, lo que estoy intentando hacer es llegar a una tercera fase personal: la de no comparar ni categorizar, sino ver Ouagadougou desde una mirada "sin impurezas". Es complicado porque cada persona es ella misma y sus circunstancias, pero para vosotras y vosotros, amigos y amigas, familia y quien me lea, diré lo que finalmente veo: Motos, colores, reivindicación, lo amable, creación y bosque.

MOTOS por todo lado. Una ley que dice que todo el mundo debe llevar casco pero nadie lo hace. Cientos, miles de motos, y en comparación muy pocos coches. Chicas que llevan al niño en la espalda en moto, ejecutivos trajeados en moto, señoras de cincuenta años con su bolso bajo el brazo y su peinado perfecto en moto, el señor con toneladas de cosas (exagerando, claro, pero para que os hagáis una idea) en moto, y por supuesto la pareja de adolescentes en moto. Los cruces son una locura, en los semáforos hay treinta o cuarenta motos en cada uno de los dos carriles de cada lado, deben ser algo más de doscientas en un cruce. Yo voy en coche… esperando a tener la opción de pasar. También hay bastantes bicis, pero no tantas como motos.

COLORES de todo tipo: en los vestidos o conjuntos de las mujeres cosidos con una perfección mejor que la de la mejor sastre, telas de colores para tocados de mujeres musulmanas, telas con imágenes de Cristo para las cristianas, telas preciosas que sirven para sostener a tantos bebés… telas que llevan las mujeres y algún que otro hombre en conjuntos coloridos. Convivencia de culturas y religiones, bajo la tradición común de los colores.


REIVINDICACIÓN a través de pequeños gestos o carteles de comercios que recuerdan historia o lucha. Reivindicación de lo propio como sus lenguas (la más hablada aquí es moore), de no tener que salir del país, de quedarse y hacer lo que se pueda desde dentro. Reivindicación a través de lo rasta, de la música, del simple hecho de no pensar que todo está dicho, sino que África está en movimiento. Reivindicación no solo de lo que es de aquí sino de la hermandad con el continente, de esa que ya no queda en otros lados como en Europa, donde hablar de la "unión europea" tiene una connotación monetaria. Unidad de comprensión, de reivindicación de lo que les corresponde, por igualdad.

LO AMABLE en cada persona, esquina y comentario. Simplemente porque sí. A veces me da la sensación de que por ser blanca todo el mundo es más amable, y me ayuda más, pero luego veo las reacciones y relaciones dentro de las grandes familias, con las vecinas y vecinos y con todo el mundo. Entonces me doy cuenta de que  también son amables con quien es de aquí de toda la vida. Salvando diferencias de caracteres, como en cualquier lugar del mundo, algo que me sigue sorprendiendo es la amabilidad burkinabé. Me dan ganas de pasar más tiempo con la gente, les busco para que me cuenten cosas y siempre encuentran un momento para mí. Mucha amabilidad.

CREACIÓN, y además creación de todo tipo: musical, artesanal, cultural en general y desde mi punto de vista muy, muy imaginativa. No por nada el centro de la ciudad es precisamente la plaza de los cineastas. Y reciclaje de verdad, sabiendo aprovechar lo que hay y sacándole el mejor partido. Más que reciclaje es creación, imaginación, arte. Mi segundo fin de semana aquí fue el de visitar la creación: Primero, la exposición de esculturas en piedra de Loango, a cielo abierto, en la naturaleza. Me han comentado que cada dos años hay un encuentro de escultores de todo el mundo y tallan las piedras, lo que le convierte en un "parque de la creación". Los paseos inspiran desde el punto de vista de cada artista, la mayoría african@s. Tras esto la noche me llevó a escuchar la fusión musical de una orquesta que se inspiraba tanto en clásicos populares e internacionales. Esa fusión podría llegar a traer más creación, en un ciclo que hace cada vez más bello lo que escuchas.

BOSQUE, como el parque urbano Bangr-Weoogo, en Ouaga mismo. Quizá porque es la temporada de lluvias y todo está mojado el lugar esté más verde, no sé (no he estado en época seca). Otra sorpresa grata ha sido encontrar lugares para pasear en una ciudad como esta, en el centro del Sahel, que imaginaba mucho más seca. Mi primer paseo ha sido por el bosque, mojado pero bonito, caluroso pero bonito, un bosque del corazón de África.
 

domingo, 13 de julio de 2014

La mayoría de las cosas pasan en un solo momento



Hace dos semanas me visualicé a mí misma en enero de este año, corriendo de acá para allá en los aeropuertos, agotada a veces y agitada normalmente. En enero, tras eso, busqué decrecer, algo que hago en estos momentos en el parque de Turó de la Peira, el de mi nuevo barrio en Barcelona, en el cual aprendo debajo de un árbol. Pero no conseguí desvincularme del todo de esa sensación, la sigo teniendo, todavía no puedo dejar de viajar ni sé si lo podré hacer. Si tengo la oportunidad, claro está.

Dicen que la gente que se mueve, como yo, como pez en el agua por los aeropuertos, pierde un poco de su esencia y tiene que dejar atrás muchas cosas. Puede ser, pero si algo tengo claro es que, aunque deje de moverme con la naturalidad que lo hago por la terminal, esa se sensación de seguir buscando algo, de estar en casa, no me abandonará nunca.

Hace poco he sentido eso en un vuelo Madrid – Barcelona, nada largo pero muy representativo para mí. Representativo de cómo combinar en mi vida lo pequeño con lo grande, lo simple con lo complejo, la necesidad de seguir adelante sin perder la esencia, para no sentirme fuera de este mundo.

Quizá esa sensación de hace dos semanas me ha llevado a seguir intentándolo un poco más, a no desistir, a creer en mi misma, a volver a cambiar. Hay decisiones que complican el camino, pero que al mismo tiempo permiten verlo claro. Esas son las que yo he tomado este año, y sigo avanzando, o al menos eso intento. Espero que el destino me lo permita y que mi atrevimiento no le parezca demasiado descarado a los astros.
¿Vida acomodadamente errante o estable pero no acomodada? Ambas es posible al mismo tiempo, hacer lo que creo que debo hacer es lo posible, eso es lo que cuenta.

En fin, que gracias a la terminal del aeropuerto y a esa sensación dentro de tres semanas volveré a viajar. Raquelicayni se emitirá desde fuera de mi mediterráneo de nuevo, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Atrás ha quedado, por ahora, la idea de escribir sobre lo que voy viendo en mi contexto, porque no es necesario salir para escribir. Eso va a llegar, seguro, ya que tengo la convicción de que lo pequeño también es grande, sobre todo con los cambios que me encuentro cuando llego a mi lugar de origen, pero no será en mi nueva publicación en este blog. 

domingo, 4 de mayo de 2014

Treinta y nueve

Lo debo, es el momento de devolver todo aquello que he aprendido en mi última etapa.

Gracias. Shukran. Merci.

No se me ocurre qué más decir. Esta publicación, este "ayni" de "raquelicayni", no va para otro lugar que no sea el Sahara y su gente. No me he ido, no conseguiré irme del todo:

Treinta y nueve números en ocho meses…
1.- Primera es la vez que escribo algo sobre el Sahara Occidental diciendo lo que ha significado para mí conocer su contexto. Hay algo allí que me sigue en la distancia. La energía es tan fuerte que acompaña allá donde vaya. No voy a luchar contra ellas sino que voy a hacer un esfuerzo por no olvidar.
2.- Dos son los ojos con los que me ves aunque no estés. Sé que el día de tu muerte está grabado en tu espalda y nada se puede hacer contra ello, pero el destino no puede ser tan injusto. Creo o más bien espero que diga que nos encontraremos antes de que eso pase.

3.- Tres son el número de tés que se preparan en una tanda, aprovechando las mismas hojas de té. Se pone la infusión en una pequeña tetera y se rellena tres veces. Algo con mucho significado, más del que puedo interpretar porque no pasé tanto tiempo allí como para conocer todos los signos de cada pequeño gesto o vaso. El primer té es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor, el tercero es suave como la muerte.

4.- Recibí cuatro turbantes de colores en mi última noche. Esto no pasa solo allí, pero algo tan simple como cuatro turbantes a combinar con mis camisas o jerséis me harán no olvidar su lucha de vida y me permitirán pensar que quiero conocer más sobre su significado.
5.- Las wilayas que hay en los campamentos de personas refugiadas saharauis que se encuentran en Argelia son cinco a día de hoy: Bujador, Smara, El Aaiun, Ausserd y la más lejana, Dajla. Cada wilaya se organiza en dairas y estas en barrios, donde siempre hay una jefatura de barrio. Un lugar realmente organizado. Además, hay un centro administrativo que es Rabuni, donde se encuentran el mercado más grande o "marsa", la base de Naciones Unidas, el lugar donde dormimos la mayoría de lxs extranjerxs (se llama protocolo), etc. 

6.- Seis fueron los viajes Argel-Tinduf-Argel que tuve que hacer para bajar de vez en cuando a trabajar al Sahara. Todos ellos largos y con anécdotas que contar, pero eso ya sería otra historia. Tinduf es la última ciudad de Argelia, que está militarizada y desde la cual se entra con escoltas a los campamentos de refugiadxs, pasando el control de frontera como quien entra a otra nación, es como una nación dentro de otra.

7.- He visitado siete casas diferentes en el Sahara, siete jaimas, siete familias a cuál de ellas más hospitalaria. Eso es lo mejor que tienen y la forma en que llegas a quererles al llegar. A partir de ahí empiezas a conocer un poco más.
8.- Ocho es el número de meses que ha durado mi estancia. Poco para profundizar, mucho en relación a lo que sería haber estado en cualquier otro lado.
9.- Nueve son el número de reuniones en los Ministerios de la RASD que tuve. En algunas me recordaban que yo era española, y lo que había sido la historia de España con el Sahara, tanto la antigua como la actual. Pude haber nacido en cualquier otro lado, pero me ha tocado en Elda, al menos en esta vida. Lo único que puedo ofrecer es estar ahí en ese momento.
10.- Diez es la nota que le daría, según el mínimo de cero y máximo de diez que es lo que yo recibía cuando estudiaba, a quienes pudiendo elegir estar en otro lugar para vivir deciden quedarse allí o volver de donde estaban.
11.- Y llegamos al once, que es el número de publicaciones que leí antes de llegar allí para saber que el Sahara Occidental se divide a día de hoy entre los campamentos en Argelia, los territorios gobernados por Marruecos, los territorios de la RASD (un pequeño trozo del desierto) y la diáspora saharaui.
12.- Aproximadamente doce por diez mil, o sea ciento veinte mil, es el número de personas refugiadas que las autoridades saharauis manejan. Este cálculo es distinto del que hace Naciones Unidas. Lo más importante es que estas personas no tengan que permanecer ahí.
13.- Trece son los años que llevan esperando el referéndum para el cual se instaló la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el referéndum de Sahara Occidental) en Tinduf. Concretamente desde el año 1992. Ha habido intentos fallidos y todo está parado y enquistado, no hay un censo fiable ni interés real porque lo haya, por parte de casi nadie.
14.- El número de ONG españolas que he contado que residíamos en el protocolo de Rabuni asciende a catorce. Esto puede cambiar en algunas épocas del año, con misiones de voluntariarixs o médicxs que sirven para crear más vínculo con España y otros países. Menos olvido.
15.- Quince son los kilómetros que he andado por el desierto, según mis cálculos globales, en los paseos justo antes del toque de queda en los alrededores del protocolo. Paseos con el viento del desierto de frente o de espaldas, nunca sola, paseos al atardecer, entre el cementerio de camellos y las piedras de la hammada, paseos entre relatos de la realidad, caminando con un pie tras otro, como en cualquier otro lado.
16.- Dieciséis son las sesiones de trabajo que he dedicado a escribir esto, en las que he tratado de leer un poco pero sobre todo he tratado de plasmar más mi visión que números exactos. Pido disculpas por si alguno de los treinta y nueve números tiene algún error de cálculo numérico o no numérico.
17.- Diecisiete son las veces que he pensado que no quiero desvincularme del Sahara, una por cada noche que he pasado desde que terminé mi periodo allí hasta que escribí este número de esta lista.
18.- Los dieciocho años son las mayoría de edad, como en España, ya que el Sahara Occidental era el antiguo Sahara español. A esa edad toda persona que viva en los campamentos podría iniciar el trámite para tener un pasaporte argelino o de cualquier otro país si le dan el permiso, quiere y puede. El resto, quien no lo hace, la gran mayoría, es apátrida.
19.- A las 19 horas es el toque de queda. Terminaba mi trabajo en la oficina a las 17 horas, a veces un poco más tarde, pero los últimos días fueron especiales porque de 17 a 19 me iba a caminar o a tomar los tres tés. Es en momentos como esos en los que he conocido verdaderamente algo del Sahara. Solo algo, me queda mucho. Si la situación de seguridad me lo hubiera permitido toda esa información me habría servido para hacer una tesis doctoral tras mi carrera de sociología. Sociedad musulmana especial... cultura tan interesante que espero que esta situación no le haga perder o mudar tanto que ya no sepan lo que es propio, como se ve en otros lados del mundo, incluido el mío.
20.- Veinte son los módulos del protocolo destinado a las viviendas de las personas cooperantes. Se dividen en dos pasillos: A uno se le llama el "viejo" y a otro se le llama el "nuevo". Ahí pasaba las noches mirando las estrellas, cuando no había siroco que me lo impidiera, claro.
21.- Son veintiuna las veces que revolví papeles y contactos para buscar un dato que me dijera dónde podía estar una persona que debía darme algo y que se había ido a territorios ocupados. Nunca más podría volver a verla mientras estuviera en los campamentos de refugiadxs.
22.- Veintidós por ciento es el porcentaje aproximado de personas saharauis que aun hablan español en el Sahara, según cifras del Instituto Cervantes a las que he podido tener acceso por internet. Muchas de ellas son de la generación de mis padres y tenían su DNI del Sahara Español, otras son jóvenes y quieren o tienen que aprenderlo.
23.- Sólo llegué a saber veintitrés palabras en hasanía, según lo que apunté en mi libreta que llevo en el bolso. Fueron los números, los días de la semana… lo que buenamente pude con el contexto en el que estaba, pero realmente me arrepiento de no haber aprendido más.
24.- Veinticuatro es aproximadamente el número de niñxs que tenía alrededor mío en ese día de julio en que mi avión se retrasó para que ellxs, que participan en el programa "Vacaciones en paz" pudieran venir en un vuelo comercial en lugar del chárter en el que normalmente se suben. Son menos de los que viajaban antes. Yo estaba la sala de pre-embarque llena, todxs estaban nerviosxs y quería hablar conmigo en español, mientras esperaban encontrar a sus familias. Aunque yo hubiera querido ir a la mía y no hacerles caso no habría tenido la oportunidad. Fue uno de los momentos más tiernos…
25.- Y veinticinco es el número aproximado de kilómetros que separan Tinduf de Rabuni. Como dije, Tinduf es la última ciudad de Argelia antes de entrar en los campamentos. Como está militarizada nunca llegué a salir del coche cuando pasaba por sus calles, excepto para algún trámite.
26.- Lloré veintiséis días por irme, esperando poder liberarme de la pena para poder escribir esto como hago hoy.
27.- Si alguien quiere ir por tierra desde Argel hasta Tinduf, veintisiete son las horas que debe pasar en su automóvil. Verá mar, montañas del Atlas, un desierto de dunas y otro de tierra y piedras… verá hermosa gente… nómada. Y si tiene suerte notará eso que sólo África sabe dar.
28.- Veintiocho por cien, o sea, casi dos mil ochocientos, exactamente 2.720, según he leído, es lo que mide el muro que separa los territorios liberados de los territorios gobernados de facto por Marruecos. Es el muro más largo del mundo construido por el ser humano a día de hoy.
29.- El 29/12/2013 leí una noticia en El País. Decía "Carta a los Reyes Magos desde el Sahara". Me pareció llamativo el título, ya que para mí representaba cómo culturalmente influimos y seguimos influyendo desde España. La leí. Cada vez hay menos noticias en los medios de comunicación.
30.- Fue el día 30 de un mes de junio el momento en el que pisaba por primera vez Rabuni. Era por la noche. Las estrellas estaban allá arriba como casi siempre. Hacía calor. Lo que sentía por la oportunidad de estar allí… eso… es tan íntimo que me lo guardaré yo.
31.- Treinta y un días duró el ramadán que vi, en el que además se trabajó en el desierto mucho más de lo que se trabaja fuera de este periodo, aun teniendo en cuenta las condiciones extremas de clima y temperatura que se viven. Cerca del mes de septiembre de 2013 oí que un grupo de expertos iba a llegar de la Meca a los campamentos para determinar si este lugar estaría exento en el futuro de seguir este pilar del Islam durante los meses de verano, no sé en qué quedó la cosa. En todo caso esta experiencia en ramadán, como tantas otras durante esos meses, me han permitido analizar mejor las cosas.
32.- Creo que son aproximadamente treinta y dos el número de dairas que existen en los campamentos del Sahara, ya que el número ha variado hace poco. Dentro de ellas, la mujer tiene un papel importante. Muchas son jefas de barrio y/o jefas de daira, incluso tienen su hueco en el mundo militar. Me ha sorprendido gratamente ver esto, tanto que publiqué un artículo al respecto. Esperemos que no vaya a menos el papel que juegan, ya que desgraciadamente los derechos adquiridos por la mujeres en un momento dado y en un contexto concreto pueden volver a perderse allí y en todo lado.
33.- Treinta y tres SD es el modelo de una marca que empieza por "n" y que se utiliza para la caravana solidaria con ayuda desde Europa. Este tipo de vehículos resisten las condiciones del desierto. Los alimentos y otros bienes llegan a destino, sí, pero pueden perderse si no se analiza bien lo que se envía. Estas acciones son muy positivas, deben seguir haciéndose, por supuesto, pero la idea es que algún día se terminen y que el esfuerzo sirva.
34.- Treinta y cuatro años. Esa es la edad con la que podido conocer todo lo que cuento. No la olvidaré.
35.- Treinta y cinco es la edad con la que me he ido. Dicen que en el Sahara cada periodo vale el doble, cada experiencia vale el doble, para mí incluso ha valido más.
36.- "36" eran parte de los dígitos de la cuenta bancaria a la que podía llegar el dinero para ayudar en una tragedia que sucedió en otro lugar alejado del mapa, cuando yo estaba en ese huequito diferente del mundo. En ese momento toda la ayuda internacional se volcó a aquel desastre natural. Cuando estás en un lugar casi olvidado  te quedas con la sensación de no saber bien lo que debes hacer ni lo que está mejor. La ayuda que llega al Sahara se reduce y la que ha llegado ha creado desigualdades como en casi todas las partes del mundo en las que las personas se organizan en sociedad ¿Por qué seremos así? ¿Qué nos llevará a las personas a querer acumular más allá de lo que necesitamos?
37.- Son treinta y siete las veces que he pensado antes de publicar esto, porque no quiero sonar a lo de siempre. Lo que quiero es aportar a un cambio de miras como el que yo he sentido, compartir información.
38.- El número treinta y ocho es el que más me ha costado completar porque al hacer este listado me he dado cuenta que desde diciembre pasado que pensé en redactarlo ha pasado un año más. Ya no son treinta y ocho sino treinta y nueve.
39.- Treinta y nueve son los años que en 2014 llevan resistiendo las personas que viven en los campamentos saharauis. Treinta y nueve. Y contando. Ellas y ellos son los últimxs españolxs del desierto. Gracias a su lucha de vida enfoco la mía a ser quien quiero ser. No voy a querer cambiar. El destino y la vida me han puesto en ese lugar en ese momento, cuando más lo necesitaba.