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lunes, 10 de septiembre de 2012

Valle


¿Qué se necesita para volver a los orígenes?

¿Qué intensidad puede iluminar más que la interior, la de conocerse y saber de dónde se es?

Energía del lugar propio...

Si me preguntan acerca de ese lugar del mediterráneo al que cada vez me cuesta más volver pero donde tengo lo que más añoro diré: no es el mejor lugar del mundo, pero a medida que pasan los años me doy cuenta de que es el mejor lugar en el que me pudo haber tocado nacer.

Escribí reportes desde tantas ciudades que al llegar por unos días a la que me ha hecho quien soy, mis ojos se iluminaban por el tren... sabiendo que tengo que retener esa imagen del lugar al que cada vez me sea más difícil volver, y al que siempre voy a volver.


domingo, 15 de julio de 2012

Leyenda de amor


Hoy ha sido el Antisana, ya fueron el Chimborazo, Tunguraua, Reventador…  espero que pronto sea el Cayambe… y el Pichincha lo veo cada mañana. Hay tantos que ya he dejado de contarlos. Cada volcán de la mitad del mundo es diferente, pero todos están activos. La pasada semana una persona desconocida pero de actitud cercana me contó una leyenda, una historia que las personas que viven próximas a estos picos abrumadores crearon. Esta leyenda nos muestra la forma en que los volcanes son vistos desde la población que vive en sus faldas: como habitantes de la misma tierra. Son como personas sobre las que contar historias. Esta es, por tanto, una historia de amor de esa tierra de volcanes contada por una voz quiteña. He querido no opinar sobre ella. Solo la transmito porque habla por sí sola:


Había una vez una chica joven en una población no muy grande, de la cual no se sabe el nombre pero que quedaba cercana a la tierra de los volcanes. Esta chica era de una familia rica y poderosa y sus padres no le daban libertad. Pero a pesar de esto, ella se enamoró, como tantas veces pasa, de un chico que no era de su clase y que su familia no aceptó.


Se amaban tanto que eso no les importaba nada su situación, aunque no sabían que sería de su futuro. Pero un día el chico, luchando por conseguir su amor, fue al volcán Illiniza que se encontraba cerca de su población y allí murió. La chica, al saber lo que había sucedido, decidió ir al cráter del volcán y morir con él, convirtiéndose este volcán el alma de los dos.

Volcán Cotopaxi

Y así continuaron por tanto tiempo que su amor se hizo tan inseparable como la montaña que les sostenía. Hasta que un día, el volcán Cotopaxi, que era el más querido de la región, se encaprichó de la mujer Illiniza. Ella por supuesto no le hizo ningún caso al principio, pero el Cotopaxi era tan bello, tan perfecto y esbelto en sus formas, que a base de coqueteos y palabras se ganó a la Illiniza.



Los Illinizas

Cotopaxi e Illiniza se veían siempre a solas y sin que nadie se enterara. Pero un día el volcán Rumiñaui les vio y decidió contarle al chico Illiniza, el cual por supuesto se enfadó muchísimo y decidió separarse de la chica Illiniza. Es por eso que hoy en día el Illiniza ya no es un volcán sino dos: el Illiniza Norte y el Illiniza Sur. El Norte es el alma masculina y el Sur el alma femenina.




Laguna - volcán Quilotoa

Pero la chica, ante esta situación, se dio cuenta de que realmente no quería al Cotopaxi sino a su pareja y fue llorando a pedirle perdón. Tanto, tanto, pero tanto lloró que creó lo que hoy en día es la laguna de Quilotoa, la cual es otro volcán y tiene los bellos colores que se desprenden del alma de la Illiniza, la cual es su vecina. 

Volcán Rumiñaui



Mientras tanto, el Cotopaxi, indignado por la actitud de Rumiñaui, fue a darle encuentro para pegarle. Y le dio al pobre un puñetazo tan, pero tan fuerte que por eso hoy en día todavía se le ve magullado, con un golpe con la forma de una mano.




El Cotopaxi se fue entonces a quedarse solo, sin volcán alrededor de él que le acompañe. Dicen que como siente tal vergüenza por lo mal que se portó con todo el mundo casi nunca se deja ver, a pesar de que es bellísimo. Por eso siempre está nublado y solo algunos días se deja ver completo.


Fin

domingo, 20 de mayo de 2012

Plata


El aire profundo que llega a la costa bicolor del Río de la Plata (de dos colores, dulce y saldo como río y mar) sigue soplando hoy ya lejos de nuevo, en el cono sur. Esa misma brisa que rozaba mi rostro hace una semana. Ojalá hubierais estado junto a mi en el río de la plata. Ese río que se convierte en mar y que separa Colona de Sacramento (Uruguay) de Argentina viajando en buquebus.

Es dificil describir con palabras el aire melancólico, viajero, cálido de Colonia de Sacramento. Ni más ni menos que catorce veces pasó de ser portuguesa a ser española y de ser española a ser portuguesa y de ser portuguesa a ser española y de ser española a ser portuguesa... en esos años de piratas de todas clases y sabores. La historia de batallas y migración ha llevado a ser a lxs colonienses como son hoy, como lo es la gente de uruguay con la que me he topado: extremadamente amables. Como sabeis, nunca me ha gustado generalizar, pero es que es difícil encontrar actualmente gente así.

Caminando por la avenida que separa el centro de esta pequeña ciudad del puerto fluvial, a la izquierda la brisa histórica del Río de la Plata, a la derecha un paisaje otoñal de postal, nada mejor que pararse un segundo y observar. Tras las caminatas por las calles de piedra se puede saltar de una filosofía de vida a otra muy distinta con solo una hora y media en buque.

Mientras abandono Uruguay por dos días siento palabras de Drexler en mi cabeza, donde también están metidos Benedetti y Galeano... y no dejo de tararear cierta canción de Sabina que dice que "ojalá estuvieras junto a mí en el río de la plata".

Con respecto al otro lado, a Buenos Aires, poco puedo decir que no haya sido ya contado. Un tango permanente define en sí mismo todas las contradicciones y profundidad de América Latina, que bien representa esta ciudad. Gran urbe donde las haya, asfalto y más asfalto teñido de lo más divino y más marginal al mismo tiempo. Incomparable ciudad que no deja la tristeza luchadora.

Tras el sueño de la megápolis, la vuelta a Montevideo es casi como volver a casa. Una pequeña y cara habitación de hotel en la rivera me vuelve a tornar el cansancio en melancolía. Todo un diario de viaje que deja el turismo de un lado para compartir impresiones con algunas personas que quizá llegamos a comprendernos en nuestro trabajo. Un grupo diverso al que con frecuencia llego tarde y que trata de no perder el horizonte... y que me inspira y me convence para no quedarme quieta.

Viajar, conocer y compartir, no se me ocurre cómo terminar. Quizá hoy estoy más positiva que melancólica y eso no me permite inspirarme demasiado, pero me alegra que al menos me haya dejado concentrarme para plasmar por este medio mi última salida acomodadamente errante.

domingo, 8 de abril de 2012

Mantenerse…


…significa en este momento de mi vida sostenerse en lo que se quiere mientras se consigue seguir adelante. Mantener, estar, seguir, no fallarse en lo que siempre se ha deseado y en lo que siempre ha sido importante. Seguir esos principios sabiendo que cada persona es única en la manera de afrontarlo. No dejar que nadie diga lo contrario. Y sobre todo no perder el norte para no dejar de saber quién se es.



Cada quien se hace a sí mism@ pero cada persona es ella y sus circunstancias. Puede haber circunstancias que nos rodean y que a veces nos empujan a tomar decisiones que no son las correctas. Puede que tratemos de auto convencernos de que sí lo son porque de forma un tanto inteligente se puede reflexionar acerca de todo. O quizá sí son las decisiones correctas porque nos permiten aprender. Pero lo importante es no dejar de cuestionarnos si en otro momento, en otra situación y con otras circunstancias sí que habríamos hecho algo más de acuerdo a lo que queremos.

Y alguien podría decir en ese momento: ¡ya está comiéndose la cabeza!

Ya van a llegar los dos años en este lugar y en este trabajo. He cambiado de casa y aunque de refilón sigo viendo las montañas verdes que esta ciudad lluviosa hace existir como ninguna otra. También van dos años de mis responsabilidades. Cada día, por agotador que sea, se aprende. Pero también se puede desaprender. ¿Cómo conseguir el equilibrio de no dejarse avasallar sin permitirse a sí mismo subidas de tono ni condescendencia hacia otras personas o de otras personas hacia sí mism@? ¿Cómo tener carácter respetando? ¿Cómo separar el trabajo del resto de la vida teniendo claro que se es la misma persona también en ese espacio? ¿Cómo mantenerse sin perder el rumbo pero saliendo adelante?

Ayer un chulla1 quiteño paseando por su Semana Santa me daba pistas sobre cómo alcanzar el término medio: Me decía sin hablar “¡Mira por dónde caminas!”. No hay mejor manera de hacer ese camino que estando en una tierra de fusión y contrastes. Aquí han hecho falta siglos para lograr algunos momentos de equilibrio, sólo de vez en cuando, entre lo local y lo extraño. Unas veces se ha conseguido y otras no. En las que no se ha conseguido siempre una costumbre más fuerte se ha impuesto o ha neutralizado a la otra. En mí también tratan de imponérseme nuevos hábitos o costumbres, contantemente…

Yo no soy tierra andina, aunque me hubiera gustado. Siento que tengo parte de ella pero no lo soy. Tampoco tengo siglos de margen para alcanzar mi término medio. Por ahora sólo tengo la seguridad de una vida para no olvidar. Sólo una vida para aprender a seguir actuando sin fallar a mis principios pero manteniéndome y continuando. Sólo este momento concreto en esta vida concreta para contarlo.

El mes pasado hubo algo en mi país que siempre hubiera seguido pero no lo hice. Me alegra no haberlo hecho por una simple razón: me ha permitido escribir esto (hace dos meses que no lo hacía porque no encontraba nada nuevo) y me ha permitido plasmar mis expresiones en papel para que sean más reales. Hoy en esta tierra de contrastes, como tantas otras, de beat@s2 y de chaman@s3 y de todo lo que queda enmedio de eso o al margen de eso, en esta tierra en la que soy y siempre seré Raquel pero también Arawi Takiy4 y Phanqa5, sigo reflexionando acerca de este equilibrio inestable.

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1Chulla, palabra derivada del Kichwa (quechua) que significa impar. En Quito el chulla fue un personaje típico que surgió a fines delsiglo XIX hasta mediados del siglo XX. Fue el prototipo de la vieja ciudad indo-hispana de Quito y se caracterizaba por ser original, conversador, tenía fama de bohemio, iconoclasta y a veces hasta frustrado intelectual. Fue antihéroe porque no fue divinizado y no se distinguió por sus acciones extraordinarias, sino por su filosofía de existencia, que resumía el sentir de buena parte de una ciudad; fue travieso como un duende, ocultable como el mismo, y mago, por su arte fingido, porque cuando quiso violó la ley natural. En Quito circuló y aún circula la versión de un chulla de clase media, cuya camisa tenía solo pechera, tenía un solo traje y un sólo par de zapatos, eso sí, bien lustrados. 

2 En la iglesia católica, un/a beato/a es una persona difunta cuyas virtudes han sido previamente certificadas y puede ser honrado con culto. El término beato/a significa literalmente feliz (del latín beatus), o bienaventurad/a o en sentido más amplio, aludiendo a la creencia de que esa persona está ya gozando del paraíso. También se conoce como beato a la persona muy apegada a las ceremonias religiosas.

3 El chamán o la chamana (del idioma tungu, de Siberia, xaman o schaman, y éste del verbo scha, "saber"), es una persona a la que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de ésta, de maneras que no responden a una lógica causal. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. Esta figura está presente principalmente en las sociedades cazadoras y recolectoras de Asia, África, América y Oceanía y también en culturas prehistóricas de Europa

4 Según el calendario de Tawa Inti Suyu que me han proporcionado, así se llaman en Kichwa  a las personas nacidas en 18 de septiembre.

5 Según el calendario de Tawa Inti Suyu que me han proporcionado, así se llaman en Aymara a las personas nacidas en 18 de septiembre.

sábado, 11 de febrero de 2012

Luna creciente, luna en virgo

Hoy no hay luna en virgo pero a pesar de eso hay días para ordenar el interior y el exterior como los amaneceres tras la luna en virgo. No es que trate de ponerme más esotérica hoy de lo que lo soy generalmente, no se me vaya a entender mal, es que tras los largos recorridos de encuentros y desencuentros de los meses de diciembre y enero lo mejor de vuelta en Quito es ordenarse. Ordenar la casa para el traslado de la semana que viene es una forma de ordenarse exteriormente. Comenzar a hacer ejercicio de nuevo, en esta tierra en movimiento que por acá por la mitad del mundo esta semana volvió a moverse para darme la bienvenida a casa (5´4 en la escala Richter, dicen) podría ser otra forma de ordenarse exteriormente. Reubicar las neuronas, no sé como, para que la mente se mueva entre lo realmente importante puede ser la forma de ordenarse interiormente. Sea como sea, pensar en la luna en virgo ayuda a tener fuerzas y a sentir el ritmo del mundo en movimiento desde el lado del charco de la izquierda mirando el mapa desde el lugar en que nací.

Dice la tradición de cierto lugar cercano al que vivo en estos momentos, junto con algún que otro estudio más racional, que en luna creciente o luna nueva la savia asciende y proporciona vigor, maduración y sustancia. Hoy tampoco es luna creciente pero espero que el próximo día que haya este astro en crecimiento, la sustancia que fluye me permita seguir madurando y vivir esos días laborales intensos que todas las personas tenemos con una visión más pausada y lineal, sin permitir que algunos cambios y otras situaciones me afecten. También espero, en lo personal, que esos gramitos de magia (a veces casi infantil de lo emocional) que me quedan dentro y me hacen agrandarme para llegar a cada uno y cada una de ustedes, vosotras y vosotros, me hagan disfrutar de las pequeñas y grandes decisiones del día a día, teniendo a casi todo el mundo cerca y a la vez lejos.

Luna creciente, luna en virgo en un día de febrero nublado por fuera y  por dentro... verde claro como la sábila.

¡Gracias!